Reflexiones de un Salvaje Ilustrado

03/11/2011

¿Más democracia interna en los partidos? La meritocracia desviada.

Filed under: Pens. Político — Salvaje Ilustrado @ 03:17
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Introducción: Hipótesis y Objetivos

En muchas ocasiones la ciudadanía suele identificar en las instituciones públicas personas que ocupando un cargo público distan mucho de tener la capacidad que de ellos se espera. La ciudadanía suele entender normalmente que muchos de los políticos que se encuentran en nuestras instituciones no están al nivel de la responsabilidad que están asumiendo. Esta sensación ciudadana propicia un creciente sentimiento de desafección con nuestra clase política que hace que se sitúe entre las instituciones peor valoradas. Ante esta percepción de falta de capacidades de nuestros gobernantes, los ciudadanos rápidamente miran a los partidos políticos como los culpables de no fiscalizar el capital humano que proponen para ocupar los cargos de nuestras instituciones públicas.

Es por ello que tengamos que hacernos la siguiente pregunta de investigación: ¿Por qué no ascienden en los partidos políticos las personas más preparadas?

Normalmente la respuesta que se suele dar es que esta deficiencia deriva de la falta de democracia interna dentro de los partidos. De hecho la ciudadanía suele exigir mayor democracia interna dentro de los partidos, con la creencia de que así conseguirá la promoción de mejores políticos.

El objetivo del presente artículo es demostrar que precisamente el ejercicio de formas democráticas dentro de los partidos políticos es la causa de la institucionalización de un sistema meritocrático donde no siempre los más idoneos consiguen promocionar hacia las instituciones públicas que nos gobiernan.

La hipótesis que este artículo tratará de demostrar es que los diferentes grupos humanos de trabajo están condicionados por la estructura jurídica que los regula. Este marco jurídico regula las normas referentes a la entrada/salida y ascenso/descenso de los miembros de cada grupo. De esta forma, esta estructura jurídica propicia que se aprecien y deprecien diferentes formatos de inteligencia, promocionando a aquellas personas con habilidades que se desarrollan mejor dentro del marco jurídico que regula cada grupo de trabajo.

Mediante una metodología analítica compararemos diversos grupos de trabajo humano con sus respectivos marcos jurídicos por un lado, con las diferentes inteligencias que cada uno de esos grupos premia por otro lado. A través de este ejercicio comparado observaremos como la realidad no es que los partidos políticos no promocionen a las personas más capacitadas, sino que simplemente promocionan a las personas que mejor se desenvuelven dentro del marco jurídico que se impone a los partidos, el democrático.

Por todo ello extraeremos la conclusión de que el problema de la promoción de personas que no cumplen con las cualidades deseadas por la ciudadanía dentro de los partidos políticos, lejos de ser causa de una falta de democracia interna, es precisamente consecuencia directa de dicha democracia interna como marco jurídico imperativo. De hecho, demostraremos como el aumento de formas democráticas en los partidos no va de la mano de una mayor promoción de personas capacitadas.

El descontento ciudadano ante las capacidades de sus políticos

 Es común escuchar la crítica a la falta de capacidad de los políticos que los partidos promocionan hacia los cargos públicos de nuestras instituciones. A esto se acompaña la sensación de que la gente verdaderamente capacitada no termina ocupando cargos públicos debido a que los partidos políticos no suelen promocionar a estas personas. En resumen, parece ser que hay consenso ciudadano en torno al hecho de que los partidos políticos suelen promocionar personas con una bajo perfil en capacidades intelectuales.

Llegados a este punto, y tras dejar sentado que la ciudadanía al unísono opina que los cargos públicos están ocupados por gente con baja cualificación debido a la falta de promoción de los mejores dentro de los partidos, cabría preguntarse, ¿Qué entiende la ciudadanía por los más capacitados?

La ciudadanía suele vincular al político capacitado con aquella persona que cumple con dos requisitos inapelables: una amplia formación académica y un gran nivel cultural. Cuando los políticos no cumplen estos requisitos académicos y culturales, por ejemplo no teniendo algún título universitario o haciendo alguna declaración en la que manifiestan desconocimiento cultural, la ciudadanía no lo perdona y es precisamente ahí cuando nace la crítica de la que es objeto este artículo. Autoridades como Bibiana Aido, José Blanco, Esperanza Aguirre o Celia Villalobos son ejemplos de politicos que por falta de titulaciones académicas, o por haber realizado alguna declaración donde han exhibido desconocimiento en ámbitos de cultura general, han caido a los índices de valoración más bajos.

No es el objetivo de este artículo entrar a valorar por qué la ciudadanía exige a sus políticos estos requisitos para considerarlos aptos para el ejercicio del poder político. Sin embargo bastaría señalar que el resto de habilidades que puedan tener los políticos, más relacionadas con criterios de oportunidad, decisión, o gestión, no pueden ser discernidas por una ciudadanía que no está presente en el proceso de toma de deciciones, por lo que las únicas habilidades que puede fiscalizar desde la distancia son aquellas tangibles a simple vista.

Independientemente de esto, lo cierto es que la ciudadanía exige unos requisitos a sus políticos para considerarlos idóneos para el cargo que en multitud de ocasiones no se corresponden con las personas promocionadas por los partidos políticos. Consecuentemente tenemos que seguirmos preguntando por qué no suelen promocionar en los partidos políticos el modelo de personas que la ciudadanía demanda, encontrando en muchas ocasiones políticos que no cumplen con lo que la ciudadanía espera de un buen político.

Diferentes tipos de inteligencia

 En lo sucesivo vamos a conceptualizar esas capacidades o habilidades que la ciudadanía espera por parte de los políticos dentro del término de “inteligencia”. Para ello entenderemos inteligencia como ese conjunto de facilidades que cada individuo tiene para su desempeño profesional dentro de un grupo de trabajo.

Sobre qué es la inteligencia se ha escrito mucho, por lo que son muchos los tipos de inteligencia que los autores han categorizado. Evidentemente lo que está claro es que la inteligencia no es una, sino que existen muchos tipos de inteligencia. Sin ánimo de querer crear un modelo ideal, y con la única finalidad de llevar a cabo una reducida aproximación que permita continuar el hilo argumental, voy a identificar a simple vista las siguientes clases de inteligencia:

  • Inteligencia conceptual: es la capacidad de asimilar conceptos, es decir, de abordar el conocimiento que nos rodea y ordenarlo sistemáticamente. Está relacionada con la cultura, el saber general, y sobre todo con la capacidad que una persona tiene de asimilar información y ordenarla de forma sistemática para tener una visión de conjunto. No está vinculada con la creación de conocimiento, sino con la asimilación del conocimiento ya creado. Se trata de un pensamiento tremendamente concreto.
  • Inteligencia cognitiva: se trata de la capacidad de crear conocimiento. Usando unas herramientas dadas el individuo es capaz de aproximarse al mundo que le rodea y crear conocimiento nuevo. Mediante esta inteligencia se llega a conclusiones propias fruto del análisis y la reflexión. No está vinculado con el conocimiento cultural y el saber general, sino con la abstracción y la capacidad reflexiva. Es un pensamiento temendamente abstracto y generador de conocimiento propio.
  • Inteligencia social: son aquellas habilidades que solemos aparejar al concepto del “Don de Gentes”. Personas que tienen facilidad para conectar con los demás y que gracias a ello se manejan a la perfección dentro de los grupos humanos, generando simpatía y confianza allí donde interactuan. Es una habilidad conectada con el carisma e incluso el liderazgo.
  • Inteligencia emocional: son aquellas habilidades en el plano de los sentimientos. Personas que gobiernan a la perfección sus impulsos sentimentales en ámbitos como las relaciones de género, las depresiones anímicas por cualquier tipo de contingencia o el gobierno de impulsos irascibles entre otros.
  • Inteligencia física: capacidades físicas que tiene un individuo, tanto en el plano fisiológico como estético. En ocasiones suele olvidarse esta inteligencia que refleja un conjunto de habilidades que están muy vinculadas con la meritocracia dentro de muchos grupos de trabajo. El mundo de la moda a través de la belleza, o el deporte a través de las habilidades físiológicas son algún ejemplo.

Es incuestionable que el mayor grado de inteligencia está vinculado con la media más alta de todas en conjunto. No es más inteligente aquella persona con una desmedida inteligencia conceptual, pero que no tiene in un ápice de inteligencia social, quedando restringido al claustro de su propia soledad social. De igual forma que no es más inteligente aquella persona que teniendo unas grandes cualidades cognitivas tiene un gran déficit de inteligencia sentimental, por lo que cualquier altercado en su vida los desploma y hunde en la mayor de las depresiones.

De todas formas, cada inteligencia será valorada meritocráticamente dependiendo del grupo de trabajo en la que se desarrolle. Evidentemente a un deportista de élite se le valorará una gran inteligencia fisica, a un comercial se le exigirán grandes habilidades sociales, y a un abogado una gran inteligencia conceptual para ordenar todo el conjunto normativo sistemáticamente.

Tres grupos de trabajo y sus marcos jurídicos

La meritocracia, entendida como las normas que regulan el premio dentro de los grupos laborales, depende evidentemente del marco jurídico que regule la entrada/salida y el ascenso/descenso de las personas dentro de cada grupo de trabajo. Como veremos, la propia Constitución Española regula un marco jurídico imperativo diferente para cada grupo de trabajo, a través del cual se establecen diferentes formatos meritocráticos mediante los cuales los individuos pueden ascender y descender laboralmente.

Pongamos los siguientes tres ejemplos de grupos de trabajo con sus respectivos marcos jurídicos:

  • La Empresa Privada: Tal y como recoge el artículo 38 de la Constitución “se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado”. Se trata de un marco jurídico que otorga una libertad total de entrada/salida y ascenso/descenso dentro de la empresa. Ninguna empresa tiene que cumplir con un formato meritocrático imperativo para premiar a los trabajadores. La discecionalidad por parte del empresario para contratar, despedir, promocionar o destituir es total.
  • La Administración Pública: Tiene su marco jurídico regulado en el artículo 103 de la Constitución donde se recoge que se regulará la “función pública de acuerdo a los principios de merito y capacidad”. De esta forma, este marco jurídico condiciona la meritocracia en torno a la entrada/salida y ascenso/descenso dentro de este grupo de trabajo a la libre concurrencia de personas a pruebas objetivas que determinen los méritos y capacidades de cada candidato en igualdad de oportunidades. Como vemos este marco jurídico restringe la discrecionalidad meritocrática al obligar a practicar pruebas objetivas de aptitud.
  • El Partido Político: está regulado a través del artículo 6 de la Constitución que impone que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Por ello, el esquema jurídico imperativo para este grupo de trabajo exige que sus formas sean democráticas. De ahí que los partidos por imperativo legal tengan que funcionar asambleariamente, con órganos de deliberación universales de donde nazcan como consecuencia del voto democrático de todos sus miembros el resto de órganos ejecutivos. Por lo tanto la meritocracia dentro de los partidos políticos está vinculada a formas democráticas que se traducen en la necesidad de encontrar apooyo democrático del resto de personas del grupo para lograr la promoción individual.

Cruzando los tres objetos: Grupos de trabajo, Marcos jurídicos e Inteligencias

Una vez tenemos analizados nuestros tres objetos de estudio: los tres grupos de trabajo tomados, con sus diferentes marcos jurídicos de meritocracia, y junto a los diferentes tipos de inteligencia, podemos pasar a hacerlos interactuar entre sí para comenzar a arrojar los primeros resultados.

En nuestro primer grupo de trabajo humano, la empresa privada, encontramos un régimen jurídico tremendamente laxo que permite el ejercicio de una discrecionalidad total. El empresario contrata, despide, promociona y destituye a quien quiere sin ningún tipo de imperativo legal que condicione su unilateral concepto del mérito de cada persona. La meritocracia de esta forma se fusiona con la libre discrecionalidad del empresario, debido precisamente a la falta de un marco jurídico imperativo que se imponga a la voluntad individual del empresario.

En este esquema la inteligencia que mejor se desenvuelve y es más facil de premiar es la inteligenca cognitiva, ya que la dinamica de la empresa privada necesita de personas resolutorias, capaces de innovar y acometer decisiones eficaces y eficientes con los recursos de que cuenta. Además, teniendo en cuenta la necesidad de supervivencia que tiene una empresa dentro del marco de libre competencia, ésta buscará a las personas más aptas para aumentar beneficios y garantizar su supervivencia, nutriéndose de personas con amplias capacidades cognitivas que sean capaces de dar respuestas eficaces a la multitud de problemas que van aconteciendo.

Por lo que respecta a la administración pública, como hemos visto, el marco jurídico que regula el reparto de su merito está muy restringido, al exigir pruebas que acrediten el mérito y la capacidad de las personas que se desempeñan dentro de este grupo de trabajo. De esta forma, la inteligencia conceptual es la gran premiada por este sistema, ya que la capaidad de asimilar conceptos sistemáticamente premiará de forma desmedida en esos tediosos procesos de oposición consistentes en la memorización empecinada de un injente número de temas. El opositor con una gran inteligencia conceptual no tendrá problemas para memorizar los cientos de temas exigidos, lanzándolos como una maquina ante un tribunal que lo admitirá sin exigir de él ninguna otra habilidad. Una vez dentro de la administración, los procesos de promoción interna seguirán siendo favorables para estas personas sobradas de inteligencia conceptual, al continuar su ascenso a través de procesos de promoción interna basados igualmente en la inteligencia conceptual.

Finalmente, en el caso de los partidos políticos, como ya vimos el marco jurídico imperativo que regula su ejercicio meritocrático interno le impone formas democráticas. Esta imposición conlleva una estructura asamblearia a la hora de elegir todos los cargos, tanto los internos como aquellos que se pretenden proyectar hacia las instituciones. Este formato asambleario, desde lo municipal, a lo nacional, pasando por lo regional, premia desmedidamente la inteligencia social, ese “Don de Gentes” que otorga capacidad para ganar amistades y conseguir adeptos que voten la candidatura dentro de ese proceso asambleario.

Al ser objeto de este artículo esa meritocracia dentro de los partidos, desarrollaremos más el vínculo entre partidos, democracia e inteligencia social en el siguiente apartado.

Partidos Políticos e Inteligencia Social, una Meritocracia Desviada

El marco jurídico democrático que se impone a los partidos conlleva un diseño institucional interno donde la piedra angular gira en torno a una asamblea general de los miembros que forman parte de ese grupo. Es este órgano el encargado de tomar las grandes decisiones, entre las que destaca la elección de las propias personas que son propuestas para dirigir el partido así como aquellas que van a formar parte de las listas que van a presentarse a las diferentes instituciones públicas. Este formato de decisión deliberativa mediante voto se da en todos los ordenes del partido, municipal, regional y nacional, y propicia que toda persona que promociona dentro de un partido, ya sea “ad intra” hacia cargos internos de gestión del partido, o “ad extra” hacia instituciones políticas cuente con un refrendo democrático.

Este sistema propicia evidentemente que aquellas personas con grandes habilidades sociales triunfen, ya que por encima de las habilidades conceptuales o cognitivas, el elemento estratégico que se juega a la hora de captar las voluntades del mayor número de personas hace que la inteligencia social sea una herramienta inmejorable. Las asambleas de cualquier partido político a cualquier nivel están llenas de estrategias de conquista de voto, jugando un papel importantísimo el amiguismo, el clientelismo, la devolución de favores y sobre todo el carisma en la conquista de voluntades.

La inteligencia social en una asamblea juega un papel decisivo. Ninguna persona con grandes dotes conceptuales o cognitivos sería jamás capaz de ganar una asamblea dentro de un partido utilizando sus herramientas. Las herramientas conceptuales y cognitivas están fuera de lugar dentro de este esquema jurídico de promoción basado en la democracia, ya que deja a la interacción de los miembros del grupo la decisión colectiva final, y en esa interacción poco tiene que hacer la inteligencia conceptual o cognitiva.

De hecho, si en alguna ocasión acudimos a una asamblea de algun partido donde se vaya a votar la elección de algún tipo de puesto, podremos observar la lógica de captación del voto atendiendo a ese juego de “distancias cortas” basado en la persuasión, la simpatía, la afinidad, y demás vínculos identitarios que son manejados a la perfección mediante la inteligencia social.

Por ello, todo político que haya llegado a algún cargo público, y sobre todo aquellos de los cargos más relevantes, han recorrido una larga carrera dentro de los partidos ganando consecutivamente un enorme número de asambleas que lo han elegido como el candidato más optimo. Muchos de ellos han recorrido distintos niveles, desde el municipal hasta el nacional, ganando sucesivamente asambleas donde han sido siempre democráticamente elegidos. La mayoría de los políticos que llegan al más alto nivel suelen tener un largo bagaje partidista de militancia que les ha permitido tejer muchas redes sociales y desarrollar sus habilidades en la captación del voto amigo mediante todas las estratagemas que la inteligencia social les brinda, tales como el amiguismo, el clientelismo o el intercambio de favores.

Para ilustrar esta realidad resulta muy gráfico que exponga una visita que realicé al Congreso de los Diputados junto con otros compañeros de estudios, y donde nos recibió el por aquel entonces diputado más joven del hemiciclo. Después de darnos su charla institucional nos afirmó que no tenia ningún interés en vivir de la política, que si en las siguientes elecciones no iba en las listas volvería a “sus menesteres privados”. Acto seguido uno de los compañeros le preguntó cuales eran esos menesteres privados, a lo que el diputado respondió, “continuar con mis estudios, que estoy a punto de terminar mi carrera”. Dicho diputado con casi 30 años estaba aún terminando su carrera.

Evidentemente este hecho escandalizó a todos los allí presentes, por aquello anteriormente expuesto de que la inteligencia conceptual demostrada a través de la formación académica y la cultura es lo que más premia la ciudadanía. Esta indignación en la cara de mis compañeros fue captada por el diputado quien acto seguido afirmó que su carrera política para llegar ahí había sido durísima, que él llevaba casi 20 años en el partido “pegando carteles y asando sardinas en fiestas”. Bajo su prisma, su mérito era incuestionable, había trabajado duro dentro del partido durante muchísimos años, al margen de cualquier tipo de cualificación. Lo cierto es que su trabajo diario en el partido, limando su inteligencia social de fiesta en fiesta y de pegada de carteles en pegada de carteles, le valió para la promoción política que otros con amplias capacidades conceptuales o cognitivas no consiguieron.

Con este ejemplo quiero ilustrar como una persona que dedique su tiempo a la formación reglada, tendrá como coste de oportunidad no dedicar ese tiempo a tejer redes y desarrollar su inteligencia social dentro de un partido. Mientras tanto, otra persona que dedique su tiempo a la mejora de redes de contacto y al desarrollo de habilidades sociales, habrá despreciado la formación pero contará con muchísimas más posibilidades de promoción dentro de un partido.

Todo este esquema meritocrático que prima la inteligencia social a la hora de ascender dentro de los partidos está propiciado curiosamente por el sistema democrático que imperativamente tiene que regular los partidos políticos. Sin embargo, y como medida para combatir esa ineptitud y falta de cualificación que los ciudadanos observan en los politicos, estos ciudadanos suelen demandar más democracia interna en los partidos. La implementación de más democracia interna en los partidos no ayudará a los mejores a ascender, sino que pondrá más facil a las personas con amplias habilidades sociales ascender.

De hecho resulta curioso que el modelo democrático que exigimos para el funcionamiento interno de los partidos no lo exijamos para otros grupos de trabajo como por ejemplo la empresa privada o la administración. Nos echaríamos las manos a la cabeza si los Directores Generales eligieran de forma democrática a los Secretarios de Estado dentro de un Ministerio, ya que terminaríamos por convertir la administración en inoperante. Al igual que acabariamos con la eficiencia empresarial si le impusieramos métodos democráticos, de hecho las pocas experiencias con modelos democraticos en la empresa privada han sido siempre un desastre productivo. Sin embargo, para los partidos políticos seguimos empecinados en exigir un funcionamiento democrático que lejos de promocionar a los mejores y fomentar una eficacia en su capital humano, propicia un formato facil de manejar para personas con muy baja cualificación pero con grandes habilidades sociales.

Un simil de marco democrático que igualmente promociona el triunfo de las habilidades sociales lo podemos ver en la elección del delegado de clase en cualquier escuela o instituto. En este proceso asambleario democrático el alumno que normalmente resulta elegido es aquel que goza de la fama, el prestigio, y demás capacidades vinculadas con la inteligencia social. Los alumnos más aventajados en habilidades conceptuales o cognitivas no suelen resultar premiados en este formato democrático. Sin embargo, al dejar de lado el marco demorático de la elección del delegado, el resto de procesos educativos dejan de ser democráticos para regirse por reglas de capacidad, y es ahí donde los alumnos con grandes dotes de inteligencia conceptual y cognitiva ascienden y promocionan, mientras que el delegado de clase no es capaz de conseguir resultados.

El objetivo de este artículo no era buscar un modelo juridico ideal que regule los partidos y propicie una óptimo formato meritocrático. La dificultad de encontrar ese formato supera con creces el objetivo de este análisis. Simplemente se trataba de demostrar que el problema de la falta de calidad de nuestros políticos no se mejora a través de incidir más en formas democráticas, ya que lejos de ayudar a solucionar el problema lo agrava aún más.

Conclusiones

  1. Existe una generalizada percepción ciudadana referente a la baja calidad de las capacidades de sus políticos. La mayoría de la ciudadanía entiende como político capacitado aquel con una amplia formación académica y un gran conocimiento cultural. Estos requisitos están claramente vinculados con capacidades que se enmarcan dentro de la inteligencia conceptual.
  2. Son muchas las categorizaciones en torno a la tipología de inteligencias que existen, entre otros podríamos señalar la inteligencia conceptual, la inteligencia cognitiva, la inteligencia social, la inteligencia sentimental o la inteligencia física.
  3. Para nuestro análisis hemos escogido tres grupos de trabajo: la empresa privada, la administración pública y los partidos políticos.
  4. La empresa privada está regida por un marco jurídico que recoge la libre empresa, por lo que la meritocracia interna depende de la unilateral voluntad del empresario. Este marco jurídico propicia la promoción de personas con capacidades cognitivas.
  5. La administración pública está regulada por un marco jurídico donde se exigen pruebas objetivas de mérito y capacidad. Por ello la inteligencia conceptual será la gran beneficiada dentro de este grupo de trabajo.
  6. Los partidos políticos por su parte, se enmarcan dentro de un régimen imperativo de funcionamiento democrático. De esta forma las personas con una gran inteligencia social tendrán más posibilidades de ascender dentro de este grupo de trabajo.
  7. Es falsa la creencia de que aumentando la democracia interna de los partidos se conseguirá la promoción de mejores personas dentro de los partidos políticos. Todo lo contrario, a más medidas democráticas, más margen de actuación tiene la inteligencia social para ganar voluntades en esas distancias cortas asamblearias donde mejor se desempeña.
  8. De hecho, el formato democrático no se exige para otros grupos de trabajo como la empresa privada o la administración pública. La aplicación de formatos democráticos haría totalmente inoperante estos grupos de trabajo. Sin embargo, exigimos desmedidamente la imposición de más formas democráticas para los partidos políticos.
  9. No sería deseable que los partidos políticos se convirtieran en arenas de promoción de aquellas personas con meras habilidades sociales. La teoría del “delegado de clase” representa este esquema de promoción donde los más idóneos son excluidos en un primer momento, encontrando posteriormente su camino de progreso en el resto de canales de la educación que no son precisamente democráticos.
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1 comentario »

  1. […] ¿Más democracia interna en los partidos? La meritocracia desviada salvajeilustrado.com/2011/11/03/%C2%BFmas-democracia-inte…  por Palcraft hace nada […]

    Pingback por ¿Más democracia interna en los partidos? La meritocracia desviada — 03/11/2011 @ 12:04 | Responder


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