Reflexiones de un Salvaje Ilustrado

03/11/2011

¿Más democracia interna en los partidos? La meritocracia desviada.

Filed under: Pens. Político — Salvaje Ilustrado @ 03:17
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Introducción: Hipótesis y Objetivos

En muchas ocasiones la ciudadanía suele identificar en las instituciones públicas personas que ocupando un cargo público distan mucho de tener la capacidad que de ellos se espera. La ciudadanía suele entender normalmente que muchos de los políticos que se encuentran en nuestras instituciones no están al nivel de la responsabilidad que están asumiendo. Esta sensación ciudadana propicia un creciente sentimiento de desafección con nuestra clase política que hace que se sitúe entre las instituciones peor valoradas. Ante esta percepción de falta de capacidades de nuestros gobernantes, los ciudadanos rápidamente miran a los partidos políticos como los culpables de no fiscalizar el capital humano que proponen para ocupar los cargos de nuestras instituciones públicas.

Es por ello que tengamos que hacernos la siguiente pregunta de investigación: ¿Por qué no ascienden en los partidos políticos las personas más preparadas?

Normalmente la respuesta que se suele dar es que esta deficiencia deriva de la falta de democracia interna dentro de los partidos. De hecho la ciudadanía suele exigir mayor democracia interna dentro de los partidos, con la creencia de que así conseguirá la promoción de mejores políticos.

El objetivo del presente artículo es demostrar que precisamente el ejercicio de formas democráticas dentro de los partidos políticos es la causa de la institucionalización de un sistema meritocrático donde no siempre los más idoneos consiguen promocionar hacia las instituciones públicas que nos gobiernan.

La hipótesis que este artículo tratará de demostrar es que los diferentes grupos humanos de trabajo están condicionados por la estructura jurídica que los regula. Este marco jurídico regula las normas referentes a la entrada/salida y ascenso/descenso de los miembros de cada grupo. De esta forma, esta estructura jurídica propicia que se aprecien y deprecien diferentes formatos de inteligencia, promocionando a aquellas personas con habilidades que se desarrollan mejor dentro del marco jurídico que regula cada grupo de trabajo.

Mediante una metodología analítica compararemos diversos grupos de trabajo humano con sus respectivos marcos jurídicos por un lado, con las diferentes inteligencias que cada uno de esos grupos premia por otro lado. A través de este ejercicio comparado observaremos como la realidad no es que los partidos políticos no promocionen a las personas más capacitadas, sino que simplemente promocionan a las personas que mejor se desenvuelven dentro del marco jurídico que se impone a los partidos, el democrático.

Por todo ello extraeremos la conclusión de que el problema de la promoción de personas que no cumplen con las cualidades deseadas por la ciudadanía dentro de los partidos políticos, lejos de ser causa de una falta de democracia interna, es precisamente consecuencia directa de dicha democracia interna como marco jurídico imperativo. De hecho, demostraremos como el aumento de formas democráticas en los partidos no va de la mano de una mayor promoción de personas capacitadas.

El descontento ciudadano ante las capacidades de sus políticos

 Es común escuchar la crítica a la falta de capacidad de los políticos que los partidos promocionan hacia los cargos públicos de nuestras instituciones. A esto se acompaña la sensación de que la gente verdaderamente capacitada no termina ocupando cargos públicos debido a que los partidos políticos no suelen promocionar a estas personas. En resumen, parece ser que hay consenso ciudadano en torno al hecho de que los partidos políticos suelen promocionar personas con una bajo perfil en capacidades intelectuales.

Llegados a este punto, y tras dejar sentado que la ciudadanía al unísono opina que los cargos públicos están ocupados por gente con baja cualificación debido a la falta de promoción de los mejores dentro de los partidos, cabría preguntarse, ¿Qué entiende la ciudadanía por los más capacitados?

La ciudadanía suele vincular al político capacitado con aquella persona que cumple con dos requisitos inapelables: una amplia formación académica y un gran nivel cultural. Cuando los políticos no cumplen estos requisitos académicos y culturales, por ejemplo no teniendo algún título universitario o haciendo alguna declaración en la que manifiestan desconocimiento cultural, la ciudadanía no lo perdona y es precisamente ahí cuando nace la crítica de la que es objeto este artículo. Autoridades como Bibiana Aido, José Blanco, Esperanza Aguirre o Celia Villalobos son ejemplos de politicos que por falta de titulaciones académicas, o por haber realizado alguna declaración donde han exhibido desconocimiento en ámbitos de cultura general, han caido a los índices de valoración más bajos.

No es el objetivo de este artículo entrar a valorar por qué la ciudadanía exige a sus políticos estos requisitos para considerarlos aptos para el ejercicio del poder político. Sin embargo bastaría señalar que el resto de habilidades que puedan tener los políticos, más relacionadas con criterios de oportunidad, decisión, o gestión, no pueden ser discernidas por una ciudadanía que no está presente en el proceso de toma de deciciones, por lo que las únicas habilidades que puede fiscalizar desde la distancia son aquellas tangibles a simple vista.

Independientemente de esto, lo cierto es que la ciudadanía exige unos requisitos a sus políticos para considerarlos idóneos para el cargo que en multitud de ocasiones no se corresponden con las personas promocionadas por los partidos políticos. Consecuentemente tenemos que seguirmos preguntando por qué no suelen promocionar en los partidos políticos el modelo de personas que la ciudadanía demanda, encontrando en muchas ocasiones políticos que no cumplen con lo que la ciudadanía espera de un buen político.

Diferentes tipos de inteligencia

 En lo sucesivo vamos a conceptualizar esas capacidades o habilidades que la ciudadanía espera por parte de los políticos dentro del término de “inteligencia”. Para ello entenderemos inteligencia como ese conjunto de facilidades que cada individuo tiene para su desempeño profesional dentro de un grupo de trabajo.

Sobre qué es la inteligencia se ha escrito mucho, por lo que son muchos los tipos de inteligencia que los autores han categorizado. Evidentemente lo que está claro es que la inteligencia no es una, sino que existen muchos tipos de inteligencia. Sin ánimo de querer crear un modelo ideal, y con la única finalidad de llevar a cabo una reducida aproximación que permita continuar el hilo argumental, voy a identificar a simple vista las siguientes clases de inteligencia:

  • Inteligencia conceptual: es la capacidad de asimilar conceptos, es decir, de abordar el conocimiento que nos rodea y ordenarlo sistemáticamente. Está relacionada con la cultura, el saber general, y sobre todo con la capacidad que una persona tiene de asimilar información y ordenarla de forma sistemática para tener una visión de conjunto. No está vinculada con la creación de conocimiento, sino con la asimilación del conocimiento ya creado. Se trata de un pensamiento tremendamente concreto.
  • Inteligencia cognitiva: se trata de la capacidad de crear conocimiento. Usando unas herramientas dadas el individuo es capaz de aproximarse al mundo que le rodea y crear conocimiento nuevo. Mediante esta inteligencia se llega a conclusiones propias fruto del análisis y la reflexión. No está vinculado con el conocimiento cultural y el saber general, sino con la abstracción y la capacidad reflexiva. Es un pensamiento temendamente abstracto y generador de conocimiento propio.
  • Inteligencia social: son aquellas habilidades que solemos aparejar al concepto del “Don de Gentes”. Personas que tienen facilidad para conectar con los demás y que gracias a ello se manejan a la perfección dentro de los grupos humanos, generando simpatía y confianza allí donde interactuan. Es una habilidad conectada con el carisma e incluso el liderazgo.
  • Inteligencia emocional: son aquellas habilidades en el plano de los sentimientos. Personas que gobiernan a la perfección sus impulsos sentimentales en ámbitos como las relaciones de género, las depresiones anímicas por cualquier tipo de contingencia o el gobierno de impulsos irascibles entre otros.
  • Inteligencia física: capacidades físicas que tiene un individuo, tanto en el plano fisiológico como estético. En ocasiones suele olvidarse esta inteligencia que refleja un conjunto de habilidades que están muy vinculadas con la meritocracia dentro de muchos grupos de trabajo. El mundo de la moda a través de la belleza, o el deporte a través de las habilidades físiológicas son algún ejemplo.

Es incuestionable que el mayor grado de inteligencia está vinculado con la media más alta de todas en conjunto. No es más inteligente aquella persona con una desmedida inteligencia conceptual, pero que no tiene in un ápice de inteligencia social, quedando restringido al claustro de su propia soledad social. De igual forma que no es más inteligente aquella persona que teniendo unas grandes cualidades cognitivas tiene un gran déficit de inteligencia sentimental, por lo que cualquier altercado en su vida los desploma y hunde en la mayor de las depresiones.

De todas formas, cada inteligencia será valorada meritocráticamente dependiendo del grupo de trabajo en la que se desarrolle. Evidentemente a un deportista de élite se le valorará una gran inteligencia fisica, a un comercial se le exigirán grandes habilidades sociales, y a un abogado una gran inteligencia conceptual para ordenar todo el conjunto normativo sistemáticamente.

Tres grupos de trabajo y sus marcos jurídicos

La meritocracia, entendida como las normas que regulan el premio dentro de los grupos laborales, depende evidentemente del marco jurídico que regule la entrada/salida y el ascenso/descenso de las personas dentro de cada grupo de trabajo. Como veremos, la propia Constitución Española regula un marco jurídico imperativo diferente para cada grupo de trabajo, a través del cual se establecen diferentes formatos meritocráticos mediante los cuales los individuos pueden ascender y descender laboralmente.

Pongamos los siguientes tres ejemplos de grupos de trabajo con sus respectivos marcos jurídicos:

  • La Empresa Privada: Tal y como recoge el artículo 38 de la Constitución “se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado”. Se trata de un marco jurídico que otorga una libertad total de entrada/salida y ascenso/descenso dentro de la empresa. Ninguna empresa tiene que cumplir con un formato meritocrático imperativo para premiar a los trabajadores. La discecionalidad por parte del empresario para contratar, despedir, promocionar o destituir es total.
  • La Administración Pública: Tiene su marco jurídico regulado en el artículo 103 de la Constitución donde se recoge que se regulará la “función pública de acuerdo a los principios de merito y capacidad”. De esta forma, este marco jurídico condiciona la meritocracia en torno a la entrada/salida y ascenso/descenso dentro de este grupo de trabajo a la libre concurrencia de personas a pruebas objetivas que determinen los méritos y capacidades de cada candidato en igualdad de oportunidades. Como vemos este marco jurídico restringe la discrecionalidad meritocrática al obligar a practicar pruebas objetivas de aptitud.
  • El Partido Político: está regulado a través del artículo 6 de la Constitución que impone que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Por ello, el esquema jurídico imperativo para este grupo de trabajo exige que sus formas sean democráticas. De ahí que los partidos por imperativo legal tengan que funcionar asambleariamente, con órganos de deliberación universales de donde nazcan como consecuencia del voto democrático de todos sus miembros el resto de órganos ejecutivos. Por lo tanto la meritocracia dentro de los partidos políticos está vinculada a formas democráticas que se traducen en la necesidad de encontrar apooyo democrático del resto de personas del grupo para lograr la promoción individual.

Cruzando los tres objetos: Grupos de trabajo, Marcos jurídicos e Inteligencias

Una vez tenemos analizados nuestros tres objetos de estudio: los tres grupos de trabajo tomados, con sus diferentes marcos jurídicos de meritocracia, y junto a los diferentes tipos de inteligencia, podemos pasar a hacerlos interactuar entre sí para comenzar a arrojar los primeros resultados.

En nuestro primer grupo de trabajo humano, la empresa privada, encontramos un régimen jurídico tremendamente laxo que permite el ejercicio de una discrecionalidad total. El empresario contrata, despide, promociona y destituye a quien quiere sin ningún tipo de imperativo legal que condicione su unilateral concepto del mérito de cada persona. La meritocracia de esta forma se fusiona con la libre discrecionalidad del empresario, debido precisamente a la falta de un marco jurídico imperativo que se imponga a la voluntad individual del empresario.

En este esquema la inteligencia que mejor se desenvuelve y es más facil de premiar es la inteligenca cognitiva, ya que la dinamica de la empresa privada necesita de personas resolutorias, capaces de innovar y acometer decisiones eficaces y eficientes con los recursos de que cuenta. Además, teniendo en cuenta la necesidad de supervivencia que tiene una empresa dentro del marco de libre competencia, ésta buscará a las personas más aptas para aumentar beneficios y garantizar su supervivencia, nutriéndose de personas con amplias capacidades cognitivas que sean capaces de dar respuestas eficaces a la multitud de problemas que van aconteciendo.

Por lo que respecta a la administración pública, como hemos visto, el marco jurídico que regula el reparto de su merito está muy restringido, al exigir pruebas que acrediten el mérito y la capacidad de las personas que se desempeñan dentro de este grupo de trabajo. De esta forma, la inteligencia conceptual es la gran premiada por este sistema, ya que la capaidad de asimilar conceptos sistemáticamente premiará de forma desmedida en esos tediosos procesos de oposición consistentes en la memorización empecinada de un injente número de temas. El opositor con una gran inteligencia conceptual no tendrá problemas para memorizar los cientos de temas exigidos, lanzándolos como una maquina ante un tribunal que lo admitirá sin exigir de él ninguna otra habilidad. Una vez dentro de la administración, los procesos de promoción interna seguirán siendo favorables para estas personas sobradas de inteligencia conceptual, al continuar su ascenso a través de procesos de promoción interna basados igualmente en la inteligencia conceptual.

Finalmente, en el caso de los partidos políticos, como ya vimos el marco jurídico imperativo que regula su ejercicio meritocrático interno le impone formas democráticas. Esta imposición conlleva una estructura asamblearia a la hora de elegir todos los cargos, tanto los internos como aquellos que se pretenden proyectar hacia las instituciones. Este formato asambleario, desde lo municipal, a lo nacional, pasando por lo regional, premia desmedidamente la inteligencia social, ese “Don de Gentes” que otorga capacidad para ganar amistades y conseguir adeptos que voten la candidatura dentro de ese proceso asambleario.

Al ser objeto de este artículo esa meritocracia dentro de los partidos, desarrollaremos más el vínculo entre partidos, democracia e inteligencia social en el siguiente apartado.

Partidos Políticos e Inteligencia Social, una Meritocracia Desviada

El marco jurídico democrático que se impone a los partidos conlleva un diseño institucional interno donde la piedra angular gira en torno a una asamblea general de los miembros que forman parte de ese grupo. Es este órgano el encargado de tomar las grandes decisiones, entre las que destaca la elección de las propias personas que son propuestas para dirigir el partido así como aquellas que van a formar parte de las listas que van a presentarse a las diferentes instituciones públicas. Este formato de decisión deliberativa mediante voto se da en todos los ordenes del partido, municipal, regional y nacional, y propicia que toda persona que promociona dentro de un partido, ya sea “ad intra” hacia cargos internos de gestión del partido, o “ad extra” hacia instituciones políticas cuente con un refrendo democrático.

Este sistema propicia evidentemente que aquellas personas con grandes habilidades sociales triunfen, ya que por encima de las habilidades conceptuales o cognitivas, el elemento estratégico que se juega a la hora de captar las voluntades del mayor número de personas hace que la inteligencia social sea una herramienta inmejorable. Las asambleas de cualquier partido político a cualquier nivel están llenas de estrategias de conquista de voto, jugando un papel importantísimo el amiguismo, el clientelismo, la devolución de favores y sobre todo el carisma en la conquista de voluntades.

La inteligencia social en una asamblea juega un papel decisivo. Ninguna persona con grandes dotes conceptuales o cognitivos sería jamás capaz de ganar una asamblea dentro de un partido utilizando sus herramientas. Las herramientas conceptuales y cognitivas están fuera de lugar dentro de este esquema jurídico de promoción basado en la democracia, ya que deja a la interacción de los miembros del grupo la decisión colectiva final, y en esa interacción poco tiene que hacer la inteligencia conceptual o cognitiva.

De hecho, si en alguna ocasión acudimos a una asamblea de algun partido donde se vaya a votar la elección de algún tipo de puesto, podremos observar la lógica de captación del voto atendiendo a ese juego de “distancias cortas” basado en la persuasión, la simpatía, la afinidad, y demás vínculos identitarios que son manejados a la perfección mediante la inteligencia social.

Por ello, todo político que haya llegado a algún cargo público, y sobre todo aquellos de los cargos más relevantes, han recorrido una larga carrera dentro de los partidos ganando consecutivamente un enorme número de asambleas que lo han elegido como el candidato más optimo. Muchos de ellos han recorrido distintos niveles, desde el municipal hasta el nacional, ganando sucesivamente asambleas donde han sido siempre democráticamente elegidos. La mayoría de los políticos que llegan al más alto nivel suelen tener un largo bagaje partidista de militancia que les ha permitido tejer muchas redes sociales y desarrollar sus habilidades en la captación del voto amigo mediante todas las estratagemas que la inteligencia social les brinda, tales como el amiguismo, el clientelismo o el intercambio de favores.

Para ilustrar esta realidad resulta muy gráfico que exponga una visita que realicé al Congreso de los Diputados junto con otros compañeros de estudios, y donde nos recibió el por aquel entonces diputado más joven del hemiciclo. Después de darnos su charla institucional nos afirmó que no tenia ningún interés en vivir de la política, que si en las siguientes elecciones no iba en las listas volvería a “sus menesteres privados”. Acto seguido uno de los compañeros le preguntó cuales eran esos menesteres privados, a lo que el diputado respondió, “continuar con mis estudios, que estoy a punto de terminar mi carrera”. Dicho diputado con casi 30 años estaba aún terminando su carrera.

Evidentemente este hecho escandalizó a todos los allí presentes, por aquello anteriormente expuesto de que la inteligencia conceptual demostrada a través de la formación académica y la cultura es lo que más premia la ciudadanía. Esta indignación en la cara de mis compañeros fue captada por el diputado quien acto seguido afirmó que su carrera política para llegar ahí había sido durísima, que él llevaba casi 20 años en el partido “pegando carteles y asando sardinas en fiestas”. Bajo su prisma, su mérito era incuestionable, había trabajado duro dentro del partido durante muchísimos años, al margen de cualquier tipo de cualificación. Lo cierto es que su trabajo diario en el partido, limando su inteligencia social de fiesta en fiesta y de pegada de carteles en pegada de carteles, le valió para la promoción política que otros con amplias capacidades conceptuales o cognitivas no consiguieron.

Con este ejemplo quiero ilustrar como una persona que dedique su tiempo a la formación reglada, tendrá como coste de oportunidad no dedicar ese tiempo a tejer redes y desarrollar su inteligencia social dentro de un partido. Mientras tanto, otra persona que dedique su tiempo a la mejora de redes de contacto y al desarrollo de habilidades sociales, habrá despreciado la formación pero contará con muchísimas más posibilidades de promoción dentro de un partido.

Todo este esquema meritocrático que prima la inteligencia social a la hora de ascender dentro de los partidos está propiciado curiosamente por el sistema democrático que imperativamente tiene que regular los partidos políticos. Sin embargo, y como medida para combatir esa ineptitud y falta de cualificación que los ciudadanos observan en los politicos, estos ciudadanos suelen demandar más democracia interna en los partidos. La implementación de más democracia interna en los partidos no ayudará a los mejores a ascender, sino que pondrá más facil a las personas con amplias habilidades sociales ascender.

De hecho resulta curioso que el modelo democrático que exigimos para el funcionamiento interno de los partidos no lo exijamos para otros grupos de trabajo como por ejemplo la empresa privada o la administración. Nos echaríamos las manos a la cabeza si los Directores Generales eligieran de forma democrática a los Secretarios de Estado dentro de un Ministerio, ya que terminaríamos por convertir la administración en inoperante. Al igual que acabariamos con la eficiencia empresarial si le impusieramos métodos democráticos, de hecho las pocas experiencias con modelos democraticos en la empresa privada han sido siempre un desastre productivo. Sin embargo, para los partidos políticos seguimos empecinados en exigir un funcionamiento democrático que lejos de promocionar a los mejores y fomentar una eficacia en su capital humano, propicia un formato facil de manejar para personas con muy baja cualificación pero con grandes habilidades sociales.

Un simil de marco democrático que igualmente promociona el triunfo de las habilidades sociales lo podemos ver en la elección del delegado de clase en cualquier escuela o instituto. En este proceso asambleario democrático el alumno que normalmente resulta elegido es aquel que goza de la fama, el prestigio, y demás capacidades vinculadas con la inteligencia social. Los alumnos más aventajados en habilidades conceptuales o cognitivas no suelen resultar premiados en este formato democrático. Sin embargo, al dejar de lado el marco demorático de la elección del delegado, el resto de procesos educativos dejan de ser democráticos para regirse por reglas de capacidad, y es ahí donde los alumnos con grandes dotes de inteligencia conceptual y cognitiva ascienden y promocionan, mientras que el delegado de clase no es capaz de conseguir resultados.

El objetivo de este artículo no era buscar un modelo juridico ideal que regule los partidos y propicie una óptimo formato meritocrático. La dificultad de encontrar ese formato supera con creces el objetivo de este análisis. Simplemente se trataba de demostrar que el problema de la falta de calidad de nuestros políticos no se mejora a través de incidir más en formas democráticas, ya que lejos de ayudar a solucionar el problema lo agrava aún más.

Conclusiones

  1. Existe una generalizada percepción ciudadana referente a la baja calidad de las capacidades de sus políticos. La mayoría de la ciudadanía entiende como político capacitado aquel con una amplia formación académica y un gran conocimiento cultural. Estos requisitos están claramente vinculados con capacidades que se enmarcan dentro de la inteligencia conceptual.
  2. Son muchas las categorizaciones en torno a la tipología de inteligencias que existen, entre otros podríamos señalar la inteligencia conceptual, la inteligencia cognitiva, la inteligencia social, la inteligencia sentimental o la inteligencia física.
  3. Para nuestro análisis hemos escogido tres grupos de trabajo: la empresa privada, la administración pública y los partidos políticos.
  4. La empresa privada está regida por un marco jurídico que recoge la libre empresa, por lo que la meritocracia interna depende de la unilateral voluntad del empresario. Este marco jurídico propicia la promoción de personas con capacidades cognitivas.
  5. La administración pública está regulada por un marco jurídico donde se exigen pruebas objetivas de mérito y capacidad. Por ello la inteligencia conceptual será la gran beneficiada dentro de este grupo de trabajo.
  6. Los partidos políticos por su parte, se enmarcan dentro de un régimen imperativo de funcionamiento democrático. De esta forma las personas con una gran inteligencia social tendrán más posibilidades de ascender dentro de este grupo de trabajo.
  7. Es falsa la creencia de que aumentando la democracia interna de los partidos se conseguirá la promoción de mejores personas dentro de los partidos políticos. Todo lo contrario, a más medidas democráticas, más margen de actuación tiene la inteligencia social para ganar voluntades en esas distancias cortas asamblearias donde mejor se desempeña.
  8. De hecho, el formato democrático no se exige para otros grupos de trabajo como la empresa privada o la administración pública. La aplicación de formatos democráticos haría totalmente inoperante estos grupos de trabajo. Sin embargo, exigimos desmedidamente la imposición de más formas democráticas para los partidos políticos.
  9. No sería deseable que los partidos políticos se convirtieran en arenas de promoción de aquellas personas con meras habilidades sociales. La teoría del “delegado de clase” representa este esquema de promoción donde los más idóneos son excluidos en un primer momento, encontrando posteriormente su camino de progreso en el resto de canales de la educación que no son precisamente democráticos.

26/09/2011

¿Se avecinan tiempos revolucionarios para Europa? Una aproximación científica a la situación actual

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Las sociedades europeas están gestando una profunda crisis social en sus entrañas como consecuencia del tremendo golpe económico que han recibido. Esta crisis se está manifestando en el estallido de protestas a lo largo y ancho del territorio europeo. Sin embargo, algunas de esas reivindicaciones cívicas ya se han traducido en episodios violentos, como ha sido el caso de los recientes sucesos en Reino Unido.

Parece evidente que la crisis del modelo social actual no tiene visos de encontrar una solución a corto plazo, ya que el impacto económico no deja de sacudir a los más débiles. Por ello, a medida que la crisis económica no encuentra salida, aumenta peligrosamente la posibilidad de que crezcan los altercados violentos a través de movimientos que al no encontrar respuestas a sus demandas, comienzan a operar violentamente desde fuera del sistema institucional.

¿Están las sociedades europeas gestando movimientos violentos asistémicos a punto de estallar?

Tiempos revueltos para la sociedad europea

El estallido de la crisis que nos azota actualmente, ha traído consigo el despertar de las sociedades europeas. Los ciudadanos se han echado a la calle a protestar contra un modelo social que alberga un sistema de distribución de la riqueza que permite a unos pocos acumular masivamente, mientras deja en el más absoluto olvido al resto de ciudadanos. Las desigualdades aumentan cada día que pasa en el seno de unas sociedades donde la meritocracia ha perdido toda credibilidad como forma de distribuir la desigualdad. Los grandes capitalistas, autores de la crisis por una desmedida ansia de acumular riquezas, no ven peligrar su estatus social y siguen acumulando desmedidamente capital. Mientras tanto, la ciudadanía común sufre las consecuencias de la crisis en políticas de austeridad y recortes sociales que la sumen más en la pobreza. La distancia entre la pequeña elite capitalista y el resto de la ciudadanía aumenta desmedidamente cada día que pasa.

Las protestas cívicas que se han producido en Europa, están encontrado singulares episodios de violencia en algunos países, algo que hemos podido ver en los altercados de barrio en Reino Unido el pasado mes de agosto. Este hecho, lejos de ser un episodio aislado al que no merece prestar más atención, merece la pena seguir muy de cerca, ya que no solo está reproduciéndose en otros países como Grecia, sino que podría representar la futura válvula de escape al conflicto social latente que se está gestando en Europa. Por ello, y al margen del reduccionismo simplista con que las autoridades y los medios han abordado la peculiar salida violenta de la protesta británica, se echa en falta un análisis en profundidad a través de herramientas científicas que nos aproximen a la realidad del derrotero violento que pueden tomar las protestas ciudadanas actuales, para así poder prever hasta que punto nos estamos acercando a un proceso de generalización de movimientos violentos en Europa, una vez las protestas cívicas hayan agotado sus limitadas posibilidades.

La intención de este artículo es abordar de forma empírica, cómo los sucesos violentos acaecidos en Reino Unido, que se están empezando a observar ya en otros países, pueden ser el primer paso hacia un preocupante estallido de la tensión social que se está gestando en las sociedades europeas. Por ello, un análisis profundo nos haría superar la visión de unas autoridades que retrataron el conflicto británico en una clave enormemente simplista, entendiendo un latente conflicto social, como la mera acumulación agregada de un conjunto de voluntades delictivas. Además, los medios de comunicación por otro lado, lejos de cumplir su papel de trasladar una visión más analítica que la ofrecida por las autoridades, cumplieron con ese pésimo formato de comunicación contemporánea, caracterizado por su poca profundidad y análisis, en busca de una comunicación rápida, de imagen, y con fácil impacto visual.

El Materialismo Dialéctico: Una herramienta social que nos avisa

Cómo la infraestructura económica, a través de las relaciones de producción, condiciona la superestructura social donde se encuentran los valores y las ideas que mueven a las sociedades

Cómo la infraestructura económica, a través de las relaciones de producción, condiciona la superestructura social donde se encuentran los valores y las ideas que mueven a las sociedades

Desde la Sociología muchos fueron los paradigmas que se aproximaron al cambio social como objeto de estudio, tratando de identificar cuáles eran las variables determinantes que influían en los procesos de cambio estructural que se producían en las sociedades a lo largo de la historia. De entre todas ellas, la conocida como Sociología del Conflicto, vino a constituirse en el siglo XIX como el paradigma fundamental desde el que analizar empíricamente las condiciones para que se produjesen momentos de cambio social. Según la Sociología del Conflicto, el elemento básico en el cambio social residía en el conflicto, motor de cambio estructural de toda sociedad.

Su éxito como marco de análisis del cambio social se debió a la utilización de una auténtica herramienta empírica como el materialismo dialéctico, que ofrecía un soporte científico para abordar cómo y por qué se producían esos cambios estructurales en las sociedades a través del conflicto. Esta herramienta de análisis de los cambios sociales, una vez se aplicaba al estudio de la historia, a través de lo que llamaron el materialismo histórico, demostraba a la perfección que la evolución de la humanidad se había llevado a cabo a través de cambios dialécticos basados en un eterno conflicto que era común a todas las sociedades.

Según el materialismo dialéctico, heredado de Hegel por la Sociología del Conflicto, todas las sociedades están divididas en dos estructuras: Una superestructura social donde se encuentran los valores, las ideas, las instituciones y las normas. Y una infraestructura económica donde reside la economía, marcada principalmente por las relaciones de producción entre los individuos. Cualquier cambio en la infraestructura económica, produce un cambio en la superestructura social. Por ello, siguiendo esta herramienta, las ideas y las personas no están en principio destinadas a producir “per se” cambios sociales, sino que son las alteraciones de las relaciones de producción en la infraestructura económica, las que propician los cambios en la superestructura social, produciendo mediante esa relación de supeditación el nacimiento de movimientos sociales e ideologías contestatarias que conllevan el consecuente cambio social. Esta herramienta dialéctica explica de manera científica todos los cambios sociales de la historia a través de alteraciones en las relaciones de producción, que produjeron que la infraestructura económica impactara en la superestructura social y crease las condiciones para el nacimiento de movimientos sociales, ideologías y líderes que conllevaron procesos revolucionarios.

Estas relaciones de producción que son la base y el motor del cambio y que se encuadran dentro de la infraestructura económica, se caracterizan por una desigual distribución en torno a su propiedad. En toda sociedad, mientras unos son poseedores de los medios de producción, otros son meros factores productivos. Esta realidad se ha producido en toda la historia, propiciando el eterno conflicto entre poseedores y desposeidos de los medios de producción, que ha motivado el cambio de las sociedades a lo largo de la historia. Para ver cómo esta división social ha estado presente siempre en la historia, podemos por ejemplo pensar en Roma, donde el esclavizador poseía literalmente como medio de producción al esclavo, que únicamente era un factor productivo; en la Edad Media, donde la nobleza poseía las tierras, principal medio de producción de la época, mientras el pueblo llano únicamente entregaba su trabajo como mero factor productivo a través del conocido como vasallaje; O en la sociedad actual, donde las grandes corporaciones poseen los medios de producción masivos, mientras el resto de personas somos sus factores productivos al vender nuestra fuerza de trabajo por un salario.

Relación dialéctica entre la tesis del momento, el nacimiento de la antítesis contestataria, y la posterior consecución de una nueva síntesis)

Relación dialéctica entre la tesis del momento, el nacimiento de la antítesis contestataria, y la posterior consecución de una nueva síntesis)

Para la Sociología del Conflicto esta crucial división histórica entre poseedores y desposeidos de los medios de producción, ha significado un eterno e interminable conflicto que ha sido el motor de cambio a lo largo de toda la historia. Este conflicto en torno a los medios de producción, se ha encuadrado históricamente dentro de una infraestructura económica que al sufrir cambios bruscos, producía un consecuente impacto en la superestructura social que propiciaba el nacimiento de protestas y movimientos organizados que se tornaban en revoluciones. Pensemos por ejemplo en casos como la acumulación de capital del pueblo llano y el nacimiento de la burguesía, lo que conllevó un radical cambio en la estructura de producción al aparecer burgueses con mayor capital acumulado que la propia nobleza, comenzando a ser prestatarios de una nobleza en decadencia, rompiendo las estructuras de producción del momento y produciéndose un cambio social a través de las revoluciones burguesas que trajeron consigo la sociedad de clases actual. O pensemos en el crack del 29 y la crisis del modelo liberal clásico, algo que afectó radicalmente a la infraestructura económica del momento, propiciando en la superestructura social el nacimiento de movimientos totalitarios durante los años 30, que apostaron por el masivo control del Estado no solo en la vida económica, sino en cualquier espacio privado.

Por ello, al producirse un cambio en la infraestructura económica de las sociedades, se producen cambios en la superestructura social que propician el nacimiento de movimientos organizados de antítesis, que responden a la tesis del sistema de organización política del momento, surgiendo de esa lucha violenta una nueva síntesis que supone un nuevo orden social. De esta forma, la humanidad ha ido evolucionando a través de estos choques violentos entre realidades antitéticas, cuya base han sido los recurrentes cambios en la infraestructura económica que han  propiciado el nacimiento de antítesis contestatarias.

Esta herramienta analítica no solo no ha sido jamás contestada científicamente con un mínimo de credibilidad, sino que ha marcado la sociología, la filosofía, la historia, la economía y la ciencia política contemporáneas, siendo la herramienta empírica más relevante en el ámbito de las ciencias sociales al aproximarse a los cambios sociales como objeto de estudio. Además, el materialismo dialéctico no solo fue capaz de explicar científicamente la evolución y el cambio de toda la historia de la humanidad, sino que después de su diseño en el siglo XIX, ha seguido siendo la herramienta que ha conseguido explicar todos los cambios sociales producidos posteriormente hasta nuestros días.

Reino Unido y su conflictividad latente: Una antítesis de corte violento

Protestas violentas en Reino Unido

Protestas violentas en Reino Unido

En la actualidad, si nos asomamos a la realidad que nos rodea con una perspectiva analítica y empírica, dejando de lado esa visión simplista de las autoridades y los medios a la que hacíamos referencia, veremos como estamos asistiendo a un tremendo shock en nuestra infraestructura económica, que está propiciando un lento cambio en la superestructura social a través del nacimiento de movimientos organizados de protesta por parte de la ciudadanía, lo que está conllevando a su vez la gestación de una auténtica antítesis que contesta en las calles la injusta tesis actual.

Recientemente, sin embargo, en algunos casos estas antítesis han estallado de forma violenta, como ha sido el caso del Reino Unido. En estos casos podemos observar cómo los cambios en la infraestructura económica que ha producido la crisis se han manifestado en estallidos violentos en esa superestructura. Esto no debería de extrañar, ya que de hecho las antítesis siempre han sido revolucionarias y violentas a lo largo de toda la historia, por lo que sería lógico que los movimientos cívicos de protestas que recorren Europa, en el caso de no encontrar solución, se transformasen en expresiones violentas al acreditar que se han agotado las limitadas posibilidades que ofrece los canales de la tesis política del momento.

Pero ¿Cuál ha sido la variable determinante que ha influido en la respuesta violenta de la superestructura social británica? Analizando como ejemplo el caso de Reino Unido, la variable de análisis más relevante es que se trata de una de las sociedades con el índice de desigualdad más alto de todo occidente, con una división social marcada por un histórico clasismo, y con un sistema político de corte neo liberal que he destruido cualquier atisbo de redistribución de la riqueza. Todo ello  ha conllevado por un lado la práctica exclusión de una gran parte de su población a guetos olvidados, mientras por otro lado ha permitido que a pocos metros los grandes capitales financieros londinenses hayan amasado incalculables fortunas. En Reino Unido el conflicto social solo necesitaba una chispa para estallar.

Durante años la sociedad británica ha mantenido en letargo esta conflictividad social latente mediante sus famosos programas de “benefits” (ayudas sociales como el “Job Seeker” o el “Housing Benefit”), que mantenían a esta creciente masa de excluidos sustentados mínimamente mediante unos programas de ayudas que les garantizaba un elemental sustento, y que suponían de alguna manera un colchón que amortiguaba el conflicto que se avecinaba.

Sin embargo, la llegada de la crisis conllevó un golpe en la infraestructura económica que propició el tambaleo de la superestructura social, pero agravado en este caso con un aumento del desempleo terrible, además de un programa de recortes (spending cut) por parte del gobierno conservador, que prácticamente eliminó las políticas de benefits que frenaban el nacimiento del conflicto. En estos años de crisis, la gran masa marginal que desde tiempo atrás había alimentado guetos olvidados, ha perdido toda opción vital dentro de la tesis actual, por lo que la superestructura social británica ha optado mediante estos desheredados por un formato violento a la hora de canalizar su antítesis.

La respuesta violenta como formato clásico de manifestación antitética

 "La Libertad guiando al pueblo" (Delacroix). Curiosamente un símbolo encomiable a día de hoy. Sin embargo, representa una estampida violenta de las masas de desheredados en París

"La Libertad guiando al pueblo" (Delacroix). Curiosamente un símbolo encomiable a día de hoy. Sin embargo, representa una estampida violenta de las masas de desheredados en París

La respuesta oficial a lo sucedido en Reino Unido ha sido considerar este problema estructural como una mera coordinación de actos delictivos a través de las modernas redes sociales. Nada más lejos de la realidad. En la base de los altercados en Reno Unido se podía entrever la frustración social de aquellos desposeídos por una insoportable desigualdad histórica que se hereda entre generaciones.

De hecho, prácticamente no ha habido movimiento revolucionario en la historia que no haya tenido estas características violentas, desatándose sin aparente coherencia lógica por parte de una masa desconexa que transmite su frustración social a través de agresiones. Y es que las antítesis a lo largo de la historia se han manifestado de forma tremendamente violenta, precisamente por haber estado formadas por las masas de desposeidos movidos en un impulso identitario de clase que no suele ser fruto de un ejercicio de asimilación colectiva, sino que estalla de forma violenta como única válvula de escape sin meditación previa.

Si hacemos algún ejercicio comparado con otras realidades dialécticas como por ejemplo la Revolución Francesa, veremos como el ascenso de la burguesía al poder económico, controlando los medios de producción por el naciente crédito, conllevó un cambio infraestructural de la economía que propició el nacimiento de la antítesis revolucionaria liberal contra la tesis estamental del momento. Esa antítesis no supuso la toma de la calle por parte de autoridades morales como Montesquieu o Rousseau, portando en sus manos aquellos innovadores tratados sobre el Estado liberal, eso no es más que lo que nos queda a través de un sintético libro de historia de instituto. La antítesis que tomó la calle en París estaba compuesta por las masas populares conocidas como “sans-culottes” (sin culotes), llamados así precisamente por no llevar culotes como la clase alta francesa, vistiendo los calzones típicos de las clases más bajas. La violencia con la que salieron a las calles propició violaciones, robos, disturbios y desmanes de todo tipo en París. En aquel momento el poder que suponía la tesis organizacional respondió de la misma forma, aseverando que no era más que una actividad delictiva programada por esos excluidos sociales. Sin embargo, los “sans-culottes” respondían al nacimiento de una desordenada antítesis que marcaba la senda de un proceso de cambio que mataría así la tesis del momento, el Estado absolutista y la sociedad estamental, dejándonos una nueva síntesis, el Estado liberal y la sociedad de clases. Esta nueva síntesis conllevó una nueva clase dominante que se hizo con los medios de producción, la burguesía, y que llega hasta nuestros días como tesis actual.

Por ello, resulta bochornoso ver como los hechos violentos sucedidos en Reino Unido no son abordados más allá del reduccionismo del enfoque criminal, llevando a cabo un análisis social que permita identificar el porqué del nacimiento de una antítesis en la superestructura social con tanta violencia contenida en su interior. La falta de este enfoque solo conseguirá no abordar consecuentemente la situación, aumentando aún más la tensión social y propiciando que esta antítesis se enrroque sobre sí misma acarreando posteriores embestidas más violentas. La historia vista desde el materialismo histórico está llena de ejemplos que lo corroboran.

Las sociedades europeas en la actualidad: El futuro de su antítesis

Protestas violentas en Grecia

Protestas violentas en Grecia

En el resto de Europa la manifestación antitética se está tornando ya violenta. Aunque la antítesis está presente en la mayoría de las calles europeas en forma de protesta pacífica, algunos países como Grecia están exhibiendo una deriva violenta en sus protestas. Las soluciones no están llegando y la situación cada vez se está haciendo más insoportable para mucha gente, lo que explica que la superestructura social esté viendo que la tesis del momento no ofrece una salida a la situación.

Evidentemente los poseedores, la clase dominante, la élite financiera, no va a ceder sus privilegios para aminorar el impacto de esta realidad dialéctica. Si a esto unimos la falta de herramientas que el esquema neo liberal ha dejado a la clase política para redistribuir la riqueza, por la incapacidad de imponer medidas tributarias ante la amenaza de la deslocalización empresarial, además del rígido marco normativo de la competencia que ha restado poder de influencia en los mercados a los Estados. Y si además unimos igualmente la simplicidad con la que se abordan estas protestas que recorren Europa por parte de quienes deberían dar una respuesta a estos colectivos. Nos encontramos con una realidad que no ofrece soluciones y que solo está dejando un camino: un paso más en el materialismo histórico.

Espero no ser un gurú al predecir la llegada de tiempos violentos.

21/08/2011

El discurso del Papa. La vuelta a la Edad Media.

Filed under: Actualidad,Pens. Político,Sociedad — Salvaje Ilustrado @ 03:44
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Las palabras lanzadas por el Papa en Madrid estos días suponen una de las mayores agresiones a las conquistas que el ser humano ha llevado a cabo en los últimos siglos. Con su arenga el Papa ha despachado siglos de progreso y evolución humana, aseverando la necesidad de volver a realidades medievales que parecían formar parte de la historia.

 “Hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos, que desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto”.

Con este alegato el Papa volvía a atacar lo que él denomina el “relativismo moral” que está pervirtiendo las sociedades actuales. No voy a entrar a valorar hasta que punto es relativo que hable de moral alguien con su historial, pues creo que la peligrosidad de estas palabras merece un discurso más profundo.

El ser humano experimentó uno de los periodos más oscuros de su historia durante la Edad Media, al dejar la autonomía de sus actos en manos de la religión. La organización humana residía en Estados teocráticos donde el poder político se encontraba en manos de monarcas absolutistas considerados los representantes de Dios en la tierra, encargados de ejecutar las leyes divinas recogidas en los textos sagrados como única norma que regía las comunidades humanas. El ser humano carecía de toda autonomía para guiar sus propios designios, sin capacidad para llevar a cabo ningún juicio de valor al margen del imperativo religioso. Tanto la esfera individual como la pública estaban dominadas por la religión.

Sin embargo, al grito de “pienso luego existo”, en el siglo XVII se levantó el Racionalismo, propugnado por autores como Descartes, mediante el que se afirmaba la autonomía del hombre para enjuiciar sus propias acciones al margen de los libros sagrados. Esta corriente fue acompañada del nacimiento de la Ciencia moderna de la mano de Galileo, Copérnico, y otros científicos que aseveraban la capacidad del ser humano para desarrollar un conocimiento autónomo al margen de los textos sacros, cuestionando las afirmaciones religiosas a través del empirismo. Muchas de estas personas acabaron en la hoguera al tratar de imponerse al imperativo dogma religioso.

En el plano público la corriente racionalista se desarrolló en el siglo XVIII mediante la Ilustración, en el conocido como Siglo de las Luces. Autores como Montesquieu, Locke o Rousseau afirmaron que la razón humana podía llevar a los individuos a formar comunidades políticas donde a través de un “pacto social” que estableciera mecanismos de participación de esos ciudadanos, se acordaran las propias normas con las que regular su convivencia. De esta forma, la comunidad ciudadana sería capaz de establecer sus juicios de valor en forma de leyes civiles que imperaran al margen de la religión, la cual quedaría en la esfera privada sin ningún tipo de fuerza impositiva.

Éstas han sido probablemente las mayores conquistas del ser humano: la afirmación de su racionalidad y capacidad de conocer su entorno científicamente, además de su autonomía política como ciudadanos capaces de decidir las normas que rijan su sociedad. Se situaba así al hombre en un nuevo plano de ciudadano libre, dejando atrás al súbdito sometido a preceptos religiosos. Sin embargo, en pleno siglo XXI hemos podido presenciar como Benedicto XVI ha sido capaz de tirar por tierra siglos de evolución humana.

Tal y como afirma el Papa, la especie humana no puede tener como cimientos a ellos mismos, no pudiendo decidir por sí sola lo que está bien o mal, es justo o injusto. Según su discurso, solo Dios puede establecer estos extremos, por lo que de un plumazo amputa la autonomía del ser humano tanto en su plano individual, negando su racionalidad, como en el plano colectivo, cuestionando nuestros sistemas políticos de decisión popular.

La pregunta sería ¿si los seres humanos no somos capaces de juzgar el bien y el mal, y nuestros sistemas políticos de organización democrática no pueden normar lo justo e injusto mediante la participación de todos los ciudadanos? ¿Entonces quien puede? La respuesta es Dios, a través de su sagrada palabra. Es decir, la vuelta a los textos sagrados como normas reguladoras e imperativas de la organización política. El régimen medieval teocrático.

Benedicto XVI siguió con su proceso discursivo de involución señalando su preocupación por la inaceptable “secularización de Europa”. De esta forma el Papa tiraba por tierra una de las grandes conquistas de las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX, la separación Iglesia-Estado, con la creación de Estados modernos ordenados a través de sistemas políticos donde los ciudadanos se autonormasen mediante el ejercicio de la soberanía popular, y donde la religión saliera del espacio público como forma de organización humana, para pasar al espacio de las creencias personales no imperativas.

Posteriormente, para terminar de rematar su vuelta al Medievo, durante la reunión que el Papa mantuvo con la comunidad científica de profesores universitarios, Benedicto XVI señaló que había que “hacer frente al abuso de la Ciencia sin límite, más allá de ella misma”. La idea señalaba la imposibilidad de que el hombre busque por sí mismo la verdad más allá de Dios, es decir, la negativa a cuestionar el dogma religioso y verlo como un hecho refutable, tratando de indagar en el porqué de nuestra existencia más allá de las afirmaciones religiosas. Estamos ante el mismo argumento que se esgrimió por parte de la Iglesia en los procesos inquisitorios que llevaron a la hoguera a muchos científicos siglos atrás.

Pero para rematar este proceso de involución, Benedicto XVI afirmó que todo este “relativismo moral” lleva “hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior”. Nada más lejos de la realidad. Precisamente fueron el Racionalismo y la Ilustración, quienes rompieron con las metateorías de organización social que partían de un ideal incuestionable, el religioso, siendo superado por las teorías liberales democráticas donde el ideal no existe “per se”, sino que es pactado dentro de esa estructura política de forma periódica por los propios ciudadanos. Además resulta que ese gran paso que dio la humanidad al superar las metateorías religiosas medievales, sólo fue cuestionado en nuestro pasado reciente a través de movimientos metateóricos totalitarios como el fascismo o el nazismo, muy vinculados precisamente al pensamiento religioso, como forma contemporánea de imposición de un ideal metateórico.

Los ciudadanos racionales y libres no podemos aceptar este discurso que pretende devolvernos al Medievo. Es nuestra responsabilidad lograr que la humanidad siga evolucionando y no retroceda hasta épocas oscuras que se creían olvidadas en nuestra historia. Por eso estamos en la obligación de luchar contra este tipo de discursos que pretenden someternos a la más absoluta esclavitud del irracionalismo dogmático, extirpando la base metafísica del ser humano: su razón.

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