Reflexiones de un Salvaje Ilustrado

26/09/2011

¿Se avecinan tiempos revolucionarios para Europa? Una aproximación científica a la situación actual

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Las sociedades europeas están gestando una profunda crisis social en sus entrañas como consecuencia del tremendo golpe económico que han recibido. Esta crisis se está manifestando en el estallido de protestas a lo largo y ancho del territorio europeo. Sin embargo, algunas de esas reivindicaciones cívicas ya se han traducido en episodios violentos, como ha sido el caso de los recientes sucesos en Reino Unido.

Parece evidente que la crisis del modelo social actual no tiene visos de encontrar una solución a corto plazo, ya que el impacto económico no deja de sacudir a los más débiles. Por ello, a medida que la crisis económica no encuentra salida, aumenta peligrosamente la posibilidad de que crezcan los altercados violentos a través de movimientos que al no encontrar respuestas a sus demandas, comienzan a operar violentamente desde fuera del sistema institucional.

¿Están las sociedades europeas gestando movimientos violentos asistémicos a punto de estallar?

Tiempos revueltos para la sociedad europea

El estallido de la crisis que nos azota actualmente, ha traído consigo el despertar de las sociedades europeas. Los ciudadanos se han echado a la calle a protestar contra un modelo social que alberga un sistema de distribución de la riqueza que permite a unos pocos acumular masivamente, mientras deja en el más absoluto olvido al resto de ciudadanos. Las desigualdades aumentan cada día que pasa en el seno de unas sociedades donde la meritocracia ha perdido toda credibilidad como forma de distribuir la desigualdad. Los grandes capitalistas, autores de la crisis por una desmedida ansia de acumular riquezas, no ven peligrar su estatus social y siguen acumulando desmedidamente capital. Mientras tanto, la ciudadanía común sufre las consecuencias de la crisis en políticas de austeridad y recortes sociales que la sumen más en la pobreza. La distancia entre la pequeña elite capitalista y el resto de la ciudadanía aumenta desmedidamente cada día que pasa.

Las protestas cívicas que se han producido en Europa, están encontrado singulares episodios de violencia en algunos países, algo que hemos podido ver en los altercados de barrio en Reino Unido el pasado mes de agosto. Este hecho, lejos de ser un episodio aislado al que no merece prestar más atención, merece la pena seguir muy de cerca, ya que no solo está reproduciéndose en otros países como Grecia, sino que podría representar la futura válvula de escape al conflicto social latente que se está gestando en Europa. Por ello, y al margen del reduccionismo simplista con que las autoridades y los medios han abordado la peculiar salida violenta de la protesta británica, se echa en falta un análisis en profundidad a través de herramientas científicas que nos aproximen a la realidad del derrotero violento que pueden tomar las protestas ciudadanas actuales, para así poder prever hasta que punto nos estamos acercando a un proceso de generalización de movimientos violentos en Europa, una vez las protestas cívicas hayan agotado sus limitadas posibilidades.

La intención de este artículo es abordar de forma empírica, cómo los sucesos violentos acaecidos en Reino Unido, que se están empezando a observar ya en otros países, pueden ser el primer paso hacia un preocupante estallido de la tensión social que se está gestando en las sociedades europeas. Por ello, un análisis profundo nos haría superar la visión de unas autoridades que retrataron el conflicto británico en una clave enormemente simplista, entendiendo un latente conflicto social, como la mera acumulación agregada de un conjunto de voluntades delictivas. Además, los medios de comunicación por otro lado, lejos de cumplir su papel de trasladar una visión más analítica que la ofrecida por las autoridades, cumplieron con ese pésimo formato de comunicación contemporánea, caracterizado por su poca profundidad y análisis, en busca de una comunicación rápida, de imagen, y con fácil impacto visual.

El Materialismo Dialéctico: Una herramienta social que nos avisa

Cómo la infraestructura económica, a través de las relaciones de producción, condiciona la superestructura social donde se encuentran los valores y las ideas que mueven a las sociedades

Cómo la infraestructura económica, a través de las relaciones de producción, condiciona la superestructura social donde se encuentran los valores y las ideas que mueven a las sociedades

Desde la Sociología muchos fueron los paradigmas que se aproximaron al cambio social como objeto de estudio, tratando de identificar cuáles eran las variables determinantes que influían en los procesos de cambio estructural que se producían en las sociedades a lo largo de la historia. De entre todas ellas, la conocida como Sociología del Conflicto, vino a constituirse en el siglo XIX como el paradigma fundamental desde el que analizar empíricamente las condiciones para que se produjesen momentos de cambio social. Según la Sociología del Conflicto, el elemento básico en el cambio social residía en el conflicto, motor de cambio estructural de toda sociedad.

Su éxito como marco de análisis del cambio social se debió a la utilización de una auténtica herramienta empírica como el materialismo dialéctico, que ofrecía un soporte científico para abordar cómo y por qué se producían esos cambios estructurales en las sociedades a través del conflicto. Esta herramienta de análisis de los cambios sociales, una vez se aplicaba al estudio de la historia, a través de lo que llamaron el materialismo histórico, demostraba a la perfección que la evolución de la humanidad se había llevado a cabo a través de cambios dialécticos basados en un eterno conflicto que era común a todas las sociedades.

Según el materialismo dialéctico, heredado de Hegel por la Sociología del Conflicto, todas las sociedades están divididas en dos estructuras: Una superestructura social donde se encuentran los valores, las ideas, las instituciones y las normas. Y una infraestructura económica donde reside la economía, marcada principalmente por las relaciones de producción entre los individuos. Cualquier cambio en la infraestructura económica, produce un cambio en la superestructura social. Por ello, siguiendo esta herramienta, las ideas y las personas no están en principio destinadas a producir “per se” cambios sociales, sino que son las alteraciones de las relaciones de producción en la infraestructura económica, las que propician los cambios en la superestructura social, produciendo mediante esa relación de supeditación el nacimiento de movimientos sociales e ideologías contestatarias que conllevan el consecuente cambio social. Esta herramienta dialéctica explica de manera científica todos los cambios sociales de la historia a través de alteraciones en las relaciones de producción, que produjeron que la infraestructura económica impactara en la superestructura social y crease las condiciones para el nacimiento de movimientos sociales, ideologías y líderes que conllevaron procesos revolucionarios.

Estas relaciones de producción que son la base y el motor del cambio y que se encuadran dentro de la infraestructura económica, se caracterizan por una desigual distribución en torno a su propiedad. En toda sociedad, mientras unos son poseedores de los medios de producción, otros son meros factores productivos. Esta realidad se ha producido en toda la historia, propiciando el eterno conflicto entre poseedores y desposeidos de los medios de producción, que ha motivado el cambio de las sociedades a lo largo de la historia. Para ver cómo esta división social ha estado presente siempre en la historia, podemos por ejemplo pensar en Roma, donde el esclavizador poseía literalmente como medio de producción al esclavo, que únicamente era un factor productivo; en la Edad Media, donde la nobleza poseía las tierras, principal medio de producción de la época, mientras el pueblo llano únicamente entregaba su trabajo como mero factor productivo a través del conocido como vasallaje; O en la sociedad actual, donde las grandes corporaciones poseen los medios de producción masivos, mientras el resto de personas somos sus factores productivos al vender nuestra fuerza de trabajo por un salario.

Relación dialéctica entre la tesis del momento, el nacimiento de la antítesis contestataria, y la posterior consecución de una nueva síntesis)

Relación dialéctica entre la tesis del momento, el nacimiento de la antítesis contestataria, y la posterior consecución de una nueva síntesis)

Para la Sociología del Conflicto esta crucial división histórica entre poseedores y desposeidos de los medios de producción, ha significado un eterno e interminable conflicto que ha sido el motor de cambio a lo largo de toda la historia. Este conflicto en torno a los medios de producción, se ha encuadrado históricamente dentro de una infraestructura económica que al sufrir cambios bruscos, producía un consecuente impacto en la superestructura social que propiciaba el nacimiento de protestas y movimientos organizados que se tornaban en revoluciones. Pensemos por ejemplo en casos como la acumulación de capital del pueblo llano y el nacimiento de la burguesía, lo que conllevó un radical cambio en la estructura de producción al aparecer burgueses con mayor capital acumulado que la propia nobleza, comenzando a ser prestatarios de una nobleza en decadencia, rompiendo las estructuras de producción del momento y produciéndose un cambio social a través de las revoluciones burguesas que trajeron consigo la sociedad de clases actual. O pensemos en el crack del 29 y la crisis del modelo liberal clásico, algo que afectó radicalmente a la infraestructura económica del momento, propiciando en la superestructura social el nacimiento de movimientos totalitarios durante los años 30, que apostaron por el masivo control del Estado no solo en la vida económica, sino en cualquier espacio privado.

Por ello, al producirse un cambio en la infraestructura económica de las sociedades, se producen cambios en la superestructura social que propician el nacimiento de movimientos organizados de antítesis, que responden a la tesis del sistema de organización política del momento, surgiendo de esa lucha violenta una nueva síntesis que supone un nuevo orden social. De esta forma, la humanidad ha ido evolucionando a través de estos choques violentos entre realidades antitéticas, cuya base han sido los recurrentes cambios en la infraestructura económica que han  propiciado el nacimiento de antítesis contestatarias.

Esta herramienta analítica no solo no ha sido jamás contestada científicamente con un mínimo de credibilidad, sino que ha marcado la sociología, la filosofía, la historia, la economía y la ciencia política contemporáneas, siendo la herramienta empírica más relevante en el ámbito de las ciencias sociales al aproximarse a los cambios sociales como objeto de estudio. Además, el materialismo dialéctico no solo fue capaz de explicar científicamente la evolución y el cambio de toda la historia de la humanidad, sino que después de su diseño en el siglo XIX, ha seguido siendo la herramienta que ha conseguido explicar todos los cambios sociales producidos posteriormente hasta nuestros días.

Reino Unido y su conflictividad latente: Una antítesis de corte violento

Protestas violentas en Reino Unido

Protestas violentas en Reino Unido

En la actualidad, si nos asomamos a la realidad que nos rodea con una perspectiva analítica y empírica, dejando de lado esa visión simplista de las autoridades y los medios a la que hacíamos referencia, veremos como estamos asistiendo a un tremendo shock en nuestra infraestructura económica, que está propiciando un lento cambio en la superestructura social a través del nacimiento de movimientos organizados de protesta por parte de la ciudadanía, lo que está conllevando a su vez la gestación de una auténtica antítesis que contesta en las calles la injusta tesis actual.

Recientemente, sin embargo, en algunos casos estas antítesis han estallado de forma violenta, como ha sido el caso del Reino Unido. En estos casos podemos observar cómo los cambios en la infraestructura económica que ha producido la crisis se han manifestado en estallidos violentos en esa superestructura. Esto no debería de extrañar, ya que de hecho las antítesis siempre han sido revolucionarias y violentas a lo largo de toda la historia, por lo que sería lógico que los movimientos cívicos de protestas que recorren Europa, en el caso de no encontrar solución, se transformasen en expresiones violentas al acreditar que se han agotado las limitadas posibilidades que ofrece los canales de la tesis política del momento.

Pero ¿Cuál ha sido la variable determinante que ha influido en la respuesta violenta de la superestructura social británica? Analizando como ejemplo el caso de Reino Unido, la variable de análisis más relevante es que se trata de una de las sociedades con el índice de desigualdad más alto de todo occidente, con una división social marcada por un histórico clasismo, y con un sistema político de corte neo liberal que he destruido cualquier atisbo de redistribución de la riqueza. Todo ello  ha conllevado por un lado la práctica exclusión de una gran parte de su población a guetos olvidados, mientras por otro lado ha permitido que a pocos metros los grandes capitales financieros londinenses hayan amasado incalculables fortunas. En Reino Unido el conflicto social solo necesitaba una chispa para estallar.

Durante años la sociedad británica ha mantenido en letargo esta conflictividad social latente mediante sus famosos programas de “benefits” (ayudas sociales como el “Job Seeker” o el “Housing Benefit”), que mantenían a esta creciente masa de excluidos sustentados mínimamente mediante unos programas de ayudas que les garantizaba un elemental sustento, y que suponían de alguna manera un colchón que amortiguaba el conflicto que se avecinaba.

Sin embargo, la llegada de la crisis conllevó un golpe en la infraestructura económica que propició el tambaleo de la superestructura social, pero agravado en este caso con un aumento del desempleo terrible, además de un programa de recortes (spending cut) por parte del gobierno conservador, que prácticamente eliminó las políticas de benefits que frenaban el nacimiento del conflicto. En estos años de crisis, la gran masa marginal que desde tiempo atrás había alimentado guetos olvidados, ha perdido toda opción vital dentro de la tesis actual, por lo que la superestructura social británica ha optado mediante estos desheredados por un formato violento a la hora de canalizar su antítesis.

La respuesta violenta como formato clásico de manifestación antitética

 "La Libertad guiando al pueblo" (Delacroix). Curiosamente un símbolo encomiable a día de hoy. Sin embargo, representa una estampida violenta de las masas de desheredados en París

"La Libertad guiando al pueblo" (Delacroix). Curiosamente un símbolo encomiable a día de hoy. Sin embargo, representa una estampida violenta de las masas de desheredados en París

La respuesta oficial a lo sucedido en Reino Unido ha sido considerar este problema estructural como una mera coordinación de actos delictivos a través de las modernas redes sociales. Nada más lejos de la realidad. En la base de los altercados en Reno Unido se podía entrever la frustración social de aquellos desposeídos por una insoportable desigualdad histórica que se hereda entre generaciones.

De hecho, prácticamente no ha habido movimiento revolucionario en la historia que no haya tenido estas características violentas, desatándose sin aparente coherencia lógica por parte de una masa desconexa que transmite su frustración social a través de agresiones. Y es que las antítesis a lo largo de la historia se han manifestado de forma tremendamente violenta, precisamente por haber estado formadas por las masas de desposeidos movidos en un impulso identitario de clase que no suele ser fruto de un ejercicio de asimilación colectiva, sino que estalla de forma violenta como única válvula de escape sin meditación previa.

Si hacemos algún ejercicio comparado con otras realidades dialécticas como por ejemplo la Revolución Francesa, veremos como el ascenso de la burguesía al poder económico, controlando los medios de producción por el naciente crédito, conllevó un cambio infraestructural de la economía que propició el nacimiento de la antítesis revolucionaria liberal contra la tesis estamental del momento. Esa antítesis no supuso la toma de la calle por parte de autoridades morales como Montesquieu o Rousseau, portando en sus manos aquellos innovadores tratados sobre el Estado liberal, eso no es más que lo que nos queda a través de un sintético libro de historia de instituto. La antítesis que tomó la calle en París estaba compuesta por las masas populares conocidas como “sans-culottes” (sin culotes), llamados así precisamente por no llevar culotes como la clase alta francesa, vistiendo los calzones típicos de las clases más bajas. La violencia con la que salieron a las calles propició violaciones, robos, disturbios y desmanes de todo tipo en París. En aquel momento el poder que suponía la tesis organizacional respondió de la misma forma, aseverando que no era más que una actividad delictiva programada por esos excluidos sociales. Sin embargo, los “sans-culottes” respondían al nacimiento de una desordenada antítesis que marcaba la senda de un proceso de cambio que mataría así la tesis del momento, el Estado absolutista y la sociedad estamental, dejándonos una nueva síntesis, el Estado liberal y la sociedad de clases. Esta nueva síntesis conllevó una nueva clase dominante que se hizo con los medios de producción, la burguesía, y que llega hasta nuestros días como tesis actual.

Por ello, resulta bochornoso ver como los hechos violentos sucedidos en Reino Unido no son abordados más allá del reduccionismo del enfoque criminal, llevando a cabo un análisis social que permita identificar el porqué del nacimiento de una antítesis en la superestructura social con tanta violencia contenida en su interior. La falta de este enfoque solo conseguirá no abordar consecuentemente la situación, aumentando aún más la tensión social y propiciando que esta antítesis se enrroque sobre sí misma acarreando posteriores embestidas más violentas. La historia vista desde el materialismo histórico está llena de ejemplos que lo corroboran.

Las sociedades europeas en la actualidad: El futuro de su antítesis

Protestas violentas en Grecia

Protestas violentas en Grecia

En el resto de Europa la manifestación antitética se está tornando ya violenta. Aunque la antítesis está presente en la mayoría de las calles europeas en forma de protesta pacífica, algunos países como Grecia están exhibiendo una deriva violenta en sus protestas. Las soluciones no están llegando y la situación cada vez se está haciendo más insoportable para mucha gente, lo que explica que la superestructura social esté viendo que la tesis del momento no ofrece una salida a la situación.

Evidentemente los poseedores, la clase dominante, la élite financiera, no va a ceder sus privilegios para aminorar el impacto de esta realidad dialéctica. Si a esto unimos la falta de herramientas que el esquema neo liberal ha dejado a la clase política para redistribuir la riqueza, por la incapacidad de imponer medidas tributarias ante la amenaza de la deslocalización empresarial, además del rígido marco normativo de la competencia que ha restado poder de influencia en los mercados a los Estados. Y si además unimos igualmente la simplicidad con la que se abordan estas protestas que recorren Europa por parte de quienes deberían dar una respuesta a estos colectivos. Nos encontramos con una realidad que no ofrece soluciones y que solo está dejando un camino: un paso más en el materialismo histórico.

Espero no ser un gurú al predecir la llegada de tiempos violentos.

25/08/2011

Brutalidad policial: Una herencia sin abordar.

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Recientemente hemos asistido a diversos episodios de abusos policiales que han conllevado un debate público, en torno a la actuación que determinados miembros de las Fuerzas de Seguridad llevan a cabo en sus intervenciones. Las actuaciones desmedidas han pasado de ser consideradas como casos singulares y excepcionales, a ser percibidas por la ciudadanía como un “modus operandi” recurrente. Como veremos en el presente artículo esta realidad no es nueva, y lejos de suponer una reciente problemática por algunos hechos aislados, supone un gravísimo problema estructural que jamás ha encontrado voluntad política para ser abordado.

Herencia franquista e institucionalismo

"Los Grises", un ejemplo de represión policial institucional.

"Los Grises", un ejemplo de represión policial institucional durante el franquismo

Tras la caída del régimen franquista, España afrontó una transición política donde se omitió la depuración de las estructuras del régimen. De esta forma, las Fuerzas de Seguridad, que habían llevado a cabo impunemente una actuación represiva basada en la tortura y los malos tratos como forma de proceder diaria, continuaron en el ejercicio de sus funciones. Nuestra singular forma de afrontar el cambio de régimen, con un olvido que obviaba la responsabilidad penal, propició que ese cuerpo prolongase sus funciones sin someterse a ningún tipo de depuración.Sin embargo, el problema es que las instituciones son estructuras vivas que crean, amoldan y heredan patrones de conducta. Éste es un postulado básico de las teorías del neoinstitucionalismo, herramienta básica en el estudio de las instituciones. Dentro de este neoinstitucionalismo,  el enfoque del institucionalismo histórico y el institucionalismo sociológico abordan mediante una complementaria perspectiva la reproducción de los patrones de conducta de las distintas instituciones.

El institucionalismo histórico se centra en el análisis de la herencia histórica del “path dependence” (dependencia del sendero), centrado en el análisis de la ruta que toman las instituciones en una constante herencia retroalimentada en lo referente a sus patrones culturales. Por su parte, el enfoque del institucionalismo sociológico identifica la existencia de una “lógica de lo apropiado” que informa los individuos que integran esas instituciones, entendida como una visión de lo que es un correcto proceder, un aspecto que es evidentemente heredable.

Por ello, la cultura de la lógica apropiada de los malos tratos, los abusos y las torturas fueron heredados en el tiempo dentro de las instituciones de las Fuerzas de Seguridad, al no haberse acometido contra esta herencia lo que se conoce como un “momento de contingencia”, mediante la depuración de sus cuadros que propiciara un cambio de la “secuencia” de la institución. Por el contrario, sus cuadros humanos se mantuvieron y con ellos las estructuras culturales de actuación continuaron siendo las mismas. De esta forma, al no ponerse medidas contra esta cultura del abuso policial del régimen franquista, se produjo una reproducción de este deleznable patrón de conducta hasta nuestros días, por lo que la cultura de abuso y maltrato de las Fuerzas de Seguridad no se vio frenada por el nacimiento de la democracia.

Condenas internacionales: ONU, Consejo de Europa y Tribunal Europeo de Derechos Humanos

Manfred Nowack, relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, criticó abiertamente la falta de voluntad política para acabar en España con las torturas y malos tratos por parte de las Fuerzas de Seguridad.

A comienzos del año 2000 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU comenzó una importante labor en relación a la prevención de la tortura. En el año 2003, el Relator Especial contra la Tortura de la ONU, Theo Van Boven, publicaba un demoledor informe en el que retrataba 110 casos de torturas cometidas por las Fuerzas de Seguridad en España durante el año 2002. En el informe se detallan todos los casos de palizas, vejaciones, y demás conductas llevadas a cabo por las Fuerzas de Seguridad en las comisarías de nuestro país. Posteriormente y ante el creciente número de denuncias por torturas presentadas, el Relator Especial contra la Tortura decidió desplazarse a España a llevar a cabo una investigación pormenorizada de la situación de la tortura.

Tras la visita a España de Van Boven en octubre de 2003, el Relator Especial contra la Tortura presentó el 15 de marzo de 2004 ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU un devastador Informe sobre la situación de la tortura en España. En dicho informe el Relator Especial aseguraba que las torturas en España a manos de las Fuerzas de Seguridad se realizaban de forma “más que esporádica”, por lo que afirmaba que “no se podían considerar una invención las demandas de malos tratos”. Criticaba abiertamente la incomunicación de los detenidos en los casos en que se aplicaba el régimen terrorista, la falta de grabaciones en los interrogatorios, el papel del poder judicial en las investigaciones sobre las torturas, así como la falta de depuración administrativa en torno a los casos de torturas. Todas ellas, circunstancias que según el relator, favorecían la tortura en España. En su informe terminaba solicitando al Gobierno español que llevara a cabo un “plan para prevenir la tortura y otros tratos crueles”.

Sólo dos años después, en marzo de 2006, se publicaba un nuevo Informe que buscaba controlar el cumplimiento de los Gobiernos en torno a las recomendaciones hechas desde la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en materia de tortura. El nuevo Relator Especial, Manfred Nowak, criticaba en dicho informe el sistemático archivo de las denuncias por torturas, la falta de implicación judicial, recogiendo escabrosos ejemplos que demostraban la falta total de voluntad del Gobierno español por erradicar esta práctica, no habiendo implementado ninguna mejora desde el anterior informe.

En mayo de 2008, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU volvió a enviar a su Relator Especial, Martin Scheinin, ante la preocupación por la situación de las torturas que seguían cometiéndose por parte de las Fuerzas de Seguridad en España. En este nuevo Informe el Relator Especial volvió a cargar contra el Gobierno español asegurando que en España se continuaban cometiendo torturas ante la pasividad del conjunto de instituciones públicas.

Además de estas condenadas provenientes de la ONU, otras organizaciones internacionales tan relevantes como el Consejo de Europa, a través del Comité para la Prevención de la Tortura, han emitido diversos informes en los que igualmente se ha constatado la existencia de torturas y malos tratos de forma generalizada.

Recientemente, el Comité para la Prevención de la Tortura del Consejo de Europa, incluso se ha trasladado a España para abordar los hechos acaecidos en Cataluña con motivo de los desalojos y posteriores detenciones practicadas contra la acampada del movimiento 15-M.

Todos estos informes señalan abiertamente la falta de implicación judicial, y en ocasiones connivencia de los jueces con las Fuerzas de Seguridad, a la hora de abordar las denuncias de tortura. En relación a estos hechos el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha llegado a condenar a España por la falta de investigación profunda por parte de sus tribunales en materia de denuncias de malos tratos y torturas contra las Fuerzas de Seguridad.

Investigaciones de Amnistía Internacional

Portada del devastador informe sobre las torturas policiales y su impunidad en España.

Pero las críticas internacionales no sólo vienen de organismos e instituciones internacionales. ONGs como Amnistía Internacional tienen desde hace tiempo en su punto de mira la actuación de las Fuerzas de Seguridad en España. En 2007 Amnistía Internacional publicaba un indignante informe titulado “Sal en la herida: la impunidad efectiva de agentes de policía en casos de tortura y otros malos tratos”, en donde se relatan detalladamente las actuaciones de los agentes de las Fuerzas de Seguridad. Dos años después, en 2009, Amnistía Internacional publicaba un nuevo informe, “Sal en la herida: Impunidad policial dos años después”, en el que se recoge la falta de voluntad política para abordar el desmedido problema de la tortura y los malos tratos por las Fuerzas de Seguridad en nuestro país. Finalmente un último informe publicado recientemente por Amnistía Internacional en esta misma línea, “España: Acabar con la doble injusticia: Victimas de tortura y malos tratos sin reparación”, señala la falta de implicación judicial en estas denuncias, lo que fomenta una situación de impunidad por parte de los agentes.

Rachel Taylor, investigadora en Amnistía Internacional, ha llegado a sentenciar que “no sólo hay malos tratos y tortura infringidos por agentes de seguridad, sino también una impunidad efectiva casi total para los responsables”, señalando que el mayor problema es precisamente “la falta de voluntad demostrada para poner fin a ello.”

Negativa de nuestros gobiernos para atajar el problema y medidas que lo agravan

Nuestras autoridades niegan repetidamente la veracidad de todos y cada uno de los informes, en un descabellado ejercicio de contradecir a la ONU, al Consejo de Europa, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y a multitud de ONGs que llevan años reclamando una actuación definitiva por parte de nuestros gobiernos. Resulta bochornoso ver como año tras año las condenas siguen cayendo sobre nuestro país, mientras que se hace caso omiso al hecho, para que al año siguiente un nuevo informe señale la falta de colaboración de las autoridades al no implementar las recomendaciones que se les hace llegar repetidamente.

Sin embargo, mientras los gobiernos españoles hacen oídos sordos a los reclamos internacionales, las medidas que se toman al abordar institucionalmente las Fuerzas de Seguridad, lejos de buscar solventar este primordial problema, lo agravan aún más si cabe.

Texto alternativo

Brutalidad policial durante el reciente desalojo del movimiento 15M en Cataluña

En 2003 el gobierno anunció un plan de incremento de las plazas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, creándose entre 2004 y 2011, 36.856 plazas, con incrementos anuales de entre 7.000 y 11.000 plazas hasta la llegada de la crisis en 2009 donde bajó el ratio. Estos números han supuesto un incremento de más de un 30% de agentes en estos últimos siete años.

Para el Gobierno la ecuación era simple, más policía es una mejor policía. A nadie se escapa que más policía no significa más calidad policial. Si tenemos en cuenta que existe un problema histórico en este cuerpo, algo que nos hacen ver recurréntemente diversas organizaciones internacionales, tratar de abordar una reforma de este cuerpo aumentando su número sin atacar su gravísimo problema de formación cultural heredada de abusos, no puede ser más que entendido como un dislate.

Si además nos adentramos en el “cómo”, omitiendo abordar el cambio cultural necesario, pero habilitando unas pruebas de “plazas para todos”, exigiendo únicamente la Enseñanza Secundaria Obligatoria, con un exiguo temario para resolver en un penoso tipo test, exigiéndose en ocasiones un ridículo examen de ortografía, entenderemos porque la mayoría de jóvenes parados de larga duración, sin más formación que la elemental y sin motivación alguna, se tiraron con los brazos abiertos a esta oportunidad laboral que era un regalo.

Es nuestro deber exigirlo. Más vale tarde que nunca.

La consecuencia es clara, no sólo no quedó abordado el problema de fondo, la falta de formación y la cultura del abuso, sino que se agravó aumentando masivamente los cuadros con personas de bajísima cualificación que no hicieron más que reproducir multiplicadamente la tendencia institucional del abuso.

Por ello, no es de extrañar que el Departamento de Estado norteamericano recientemente apercibiera a sus turistas sobre la peligrosidad de viajar a España debido a los maltratos cometidos por sus Fuerzas de Seguridad. Algo que resulta vergonzoso para un país democrático.

Y es que el problema reside en que el agente agresor, lejos de sentir que comete una actividad delictiva, entiende que su actuación es adecuada, debido a esa “lógica de lo apropiado” que ha sido heredada y no atajada. Sólo basta preguntar a algunos agentes para observar que suelen entender que la aplicación de abusos físicos sobre los ciudadanos queda a su arbitrio cuando lo estimen conveniente, ya que en su mentalidad, lejos de ser un simple agente del grupo D de la administración, sin jurisdicción para imponer penas, algo que es competencia de los jueces, se consideran atribuidos de la más absoluta potestad jurisdiccional.

Consecuencias

Con este panorama nos encontramos en la situación actual. Unas Fuerzas de Seguridad a las que jamás se pidió responsabilidades penales por su actuación durante todo el régimen franquista, para llevar a cabo una depuración en sus cuadros que crease “un momento de contingencia” que cortase la “secuencia” institucional. Por ello se permitió que se institucionalizase una forma de conducta basada en los malos tratos, el abuso y las torturas. Agravado además por unas instituciones judiciales que amparan estas actuaciones y no las persiguen. Unido a unos gobiernos que no sólo no han tratado de combatir esta cultura siguiendo las indicaciones de las diversas organizaciones internacionales, sino que han agravado la situación mediante un proceso de reclutamiento de bajísima calidad que ha llenado la institución de potenciales reproductores de esas conductas.

Nuestras autoridades no pueden seguir mirando hacia otro lado ante esta realidad. Es necesario abordar un procedimiento profundo de erradicación de esta cultura de la tortura en nuestras Fuerzas de Seguridad.

¿Es que el mundo entero está equivocado al señalar al unísono que existe un gravísimo problema de malos tratos y torturas cometidos por unas Fuerzas de Seguridad que gozan de impunidad ante los Tribunales?

21/08/2011

El discurso del Papa. La vuelta a la Edad Media.

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Las palabras lanzadas por el Papa en Madrid estos días suponen una de las mayores agresiones a las conquistas que el ser humano ha llevado a cabo en los últimos siglos. Con su arenga el Papa ha despachado siglos de progreso y evolución humana, aseverando la necesidad de volver a realidades medievales que parecían formar parte de la historia.

 “Hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos, que desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto”.

Con este alegato el Papa volvía a atacar lo que él denomina el “relativismo moral” que está pervirtiendo las sociedades actuales. No voy a entrar a valorar hasta que punto es relativo que hable de moral alguien con su historial, pues creo que la peligrosidad de estas palabras merece un discurso más profundo.

El ser humano experimentó uno de los periodos más oscuros de su historia durante la Edad Media, al dejar la autonomía de sus actos en manos de la religión. La organización humana residía en Estados teocráticos donde el poder político se encontraba en manos de monarcas absolutistas considerados los representantes de Dios en la tierra, encargados de ejecutar las leyes divinas recogidas en los textos sagrados como única norma que regía las comunidades humanas. El ser humano carecía de toda autonomía para guiar sus propios designios, sin capacidad para llevar a cabo ningún juicio de valor al margen del imperativo religioso. Tanto la esfera individual como la pública estaban dominadas por la religión.

Sin embargo, al grito de “pienso luego existo”, en el siglo XVII se levantó el Racionalismo, propugnado por autores como Descartes, mediante el que se afirmaba la autonomía del hombre para enjuiciar sus propias acciones al margen de los libros sagrados. Esta corriente fue acompañada del nacimiento de la Ciencia moderna de la mano de Galileo, Copérnico, y otros científicos que aseveraban la capacidad del ser humano para desarrollar un conocimiento autónomo al margen de los textos sacros, cuestionando las afirmaciones religiosas a través del empirismo. Muchas de estas personas acabaron en la hoguera al tratar de imponerse al imperativo dogma religioso.

En el plano público la corriente racionalista se desarrolló en el siglo XVIII mediante la Ilustración, en el conocido como Siglo de las Luces. Autores como Montesquieu, Locke o Rousseau afirmaron que la razón humana podía llevar a los individuos a formar comunidades políticas donde a través de un “pacto social” que estableciera mecanismos de participación de esos ciudadanos, se acordaran las propias normas con las que regular su convivencia. De esta forma, la comunidad ciudadana sería capaz de establecer sus juicios de valor en forma de leyes civiles que imperaran al margen de la religión, la cual quedaría en la esfera privada sin ningún tipo de fuerza impositiva.

Éstas han sido probablemente las mayores conquistas del ser humano: la afirmación de su racionalidad y capacidad de conocer su entorno científicamente, además de su autonomía política como ciudadanos capaces de decidir las normas que rijan su sociedad. Se situaba así al hombre en un nuevo plano de ciudadano libre, dejando atrás al súbdito sometido a preceptos religiosos. Sin embargo, en pleno siglo XXI hemos podido presenciar como Benedicto XVI ha sido capaz de tirar por tierra siglos de evolución humana.

Tal y como afirma el Papa, la especie humana no puede tener como cimientos a ellos mismos, no pudiendo decidir por sí sola lo que está bien o mal, es justo o injusto. Según su discurso, solo Dios puede establecer estos extremos, por lo que de un plumazo amputa la autonomía del ser humano tanto en su plano individual, negando su racionalidad, como en el plano colectivo, cuestionando nuestros sistemas políticos de decisión popular.

La pregunta sería ¿si los seres humanos no somos capaces de juzgar el bien y el mal, y nuestros sistemas políticos de organización democrática no pueden normar lo justo e injusto mediante la participación de todos los ciudadanos? ¿Entonces quien puede? La respuesta es Dios, a través de su sagrada palabra. Es decir, la vuelta a los textos sagrados como normas reguladoras e imperativas de la organización política. El régimen medieval teocrático.

Benedicto XVI siguió con su proceso discursivo de involución señalando su preocupación por la inaceptable “secularización de Europa”. De esta forma el Papa tiraba por tierra una de las grandes conquistas de las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX, la separación Iglesia-Estado, con la creación de Estados modernos ordenados a través de sistemas políticos donde los ciudadanos se autonormasen mediante el ejercicio de la soberanía popular, y donde la religión saliera del espacio público como forma de organización humana, para pasar al espacio de las creencias personales no imperativas.

Posteriormente, para terminar de rematar su vuelta al Medievo, durante la reunión que el Papa mantuvo con la comunidad científica de profesores universitarios, Benedicto XVI señaló que había que “hacer frente al abuso de la Ciencia sin límite, más allá de ella misma”. La idea señalaba la imposibilidad de que el hombre busque por sí mismo la verdad más allá de Dios, es decir, la negativa a cuestionar el dogma religioso y verlo como un hecho refutable, tratando de indagar en el porqué de nuestra existencia más allá de las afirmaciones religiosas. Estamos ante el mismo argumento que se esgrimió por parte de la Iglesia en los procesos inquisitorios que llevaron a la hoguera a muchos científicos siglos atrás.

Pero para rematar este proceso de involución, Benedicto XVI afirmó que todo este “relativismo moral” lleva “hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior”. Nada más lejos de la realidad. Precisamente fueron el Racionalismo y la Ilustración, quienes rompieron con las metateorías de organización social que partían de un ideal incuestionable, el religioso, siendo superado por las teorías liberales democráticas donde el ideal no existe “per se”, sino que es pactado dentro de esa estructura política de forma periódica por los propios ciudadanos. Además resulta que ese gran paso que dio la humanidad al superar las metateorías religiosas medievales, sólo fue cuestionado en nuestro pasado reciente a través de movimientos metateóricos totalitarios como el fascismo o el nazismo, muy vinculados precisamente al pensamiento religioso, como forma contemporánea de imposición de un ideal metateórico.

Los ciudadanos racionales y libres no podemos aceptar este discurso que pretende devolvernos al Medievo. Es nuestra responsabilidad lograr que la humanidad siga evolucionando y no retroceda hasta épocas oscuras que se creían olvidadas en nuestra historia. Por eso estamos en la obligación de luchar contra este tipo de discursos que pretenden someternos a la más absoluta esclavitud del irracionalismo dogmático, extirpando la base metafísica del ser humano: su razón.

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