Reflexiones de un Salvaje Ilustrado

22/10/2011

El generalizado delito de apropiación indebida de los bancos.

Filed under: Derecho — Salvaje Ilustrado @ 18:25
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Los bancos son las estructuras básicas de canalización del ahorro ciudadano hacia la inversión. Para ello utilizan los depósitos de sus clientes circulándolos en forma de préstamos hacia otros agentes económicos que lo necesitan para llevar a cabo sus proyectos de inversión. De hecho, los bancos únicamente guardan en efectivo una parte proporcional del dinero que depositamos, lo que se conoce como la obligación legal del “encaje bancario”, prestando el resto a otros agentes económicos para así aumentar la actividad económica. De esta forma, la base monetaria (dinero depositado) es mucho menor que la oferta monetaria (dinero utilizado), jugando así las entidades de crédito su papel de “multiplicador del dinero”.

Según nos aseguran, el crecimiento productivo bajo este modelo es mayor, ya que la inversión se multiplica a través de estos intermediadores bancarios que utilizan nuestro dinero depositado, para prestarlo a nuevos emprendimientos de inversión, evitando así que el dinero repose improductivamente en nuestras cuentas bancarias.

Sin embargo, este esquema economicista se cae ante una aplastante realidad jurídica. ¿Permiten los contratos de depósito la disposición arbitraria de este dinero por parte de los bancos? Me temo que no, por lo que sospecho que estamos ante la comisión de un delito de apropiación indebida. Un delito que además se agrava no solo por la cuantía, sino por la generalidad social del hecho.

Si partimos de la premisa civilista básica de que los bienes pueden tener propietarios y poseedores, atendiendo al negocio jurídico que se haga en torno a ellos (por ejemplo alquiler, arrendamiento, cesión de uso…), tendremos que afirmar que el dinero físico es propiedad del Estado, quien lo crea y registra, mientras que la posesión es del ciudadano, al que le llega mediante un negocio jurídico legal como es una prestación laboral pagada monetariamente.

Este ciudadano, persona física, decide entonces abrirse una cuenta bancaria formalizando con otra persona jurídica, un banco, un contrato de depósito. Mediante este contrato de depósito el banco se compromete a ejercer la guarda y custodia de un bien cuantificado como es una cantidad de dinero, que no es en ningún momento de su propiedad o posesión, siendo el objeto del contrato en cuestión el depósito y no la libre disposición de ese bien en custodia.

De hecho, si revisamos en nuestros cajones esos tediosos contratos que firmamos con nuestras entidades bancarias al abrir nuestras cuentas corrientes, veremos como en ningún momento se recoge la posibilidad de que esa entidad disponga arbitrariamente de nuestro dinero, remarcándose el hecho de que se trata de un mero contrato de depósito.

La práctica llevada a cabo por las entidades bancarias posteriormente y al margen de nuestro consentimiento se encuadra de esta forma en un delito de apropiación indebida, penado con hasta 6 años de cárcel y recogido en el artículo 252 del Código Penal al afirmarse que, “Serán castigados con las penas del artículo 249 ó 250, en su caso, los que en perjuicio de otro se apropiaren o distrajeren dinero, efectos, valores o cualquier otra cosa mueble o activo patrimonial que hayan recibido en depósito, comisión o administración, o por otro título que produzca obligación de entregarlos o devolverlos, o negaren haberlos recibido, cuando la cuantía de lo apropiado exceda de cuatrocientos euros”.

La lógica de la existencia de esta figura penal de la apropiación indebida es la siguiente: que nadie disponga arbitrariamente de bienes que no son suyos para conseguir lucros personales que tienen como base la explotación de esos bienes. Precisamente eso es lo que hacen los bancos, disponen libremente de nuestros bienes, fruto de nuestro esfuerzo, para sus actividades personales, consiguiendo un beneficio y lucro que tienen como base unos bienes que no son suyos, sin que sus titulares le hayan dado consentimiento alguno para disponer de ellos. Por todo ello, la actividad bancaria no puede encuadrarse más que en un delito de apropiación indebida.

¿Alguien se anima a presentarse con su contrato de apertura de cuenta bancaria en los juzgados más cercanos, y demandar a Emilio Botín por prevariación?

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