Reflexiones de un Salvaje Ilustrado

21/08/2011

El discurso del Papa. La vuelta a la Edad Media.

Filed under: Actualidad,Pens. Político,Sociedad — Salvaje Ilustrado @ 03:44
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Las palabras lanzadas por el Papa en Madrid estos días suponen una de las mayores agresiones a las conquistas que el ser humano ha llevado a cabo en los últimos siglos. Con su arenga el Papa ha despachado siglos de progreso y evolución humana, aseverando la necesidad de volver a realidades medievales que parecían formar parte de la historia.

 “Hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos, que desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto”.

Con este alegato el Papa volvía a atacar lo que él denomina el “relativismo moral” que está pervirtiendo las sociedades actuales. No voy a entrar a valorar hasta que punto es relativo que hable de moral alguien con su historial, pues creo que la peligrosidad de estas palabras merece un discurso más profundo.

El ser humano experimentó uno de los periodos más oscuros de su historia durante la Edad Media, al dejar la autonomía de sus actos en manos de la religión. La organización humana residía en Estados teocráticos donde el poder político se encontraba en manos de monarcas absolutistas considerados los representantes de Dios en la tierra, encargados de ejecutar las leyes divinas recogidas en los textos sagrados como única norma que regía las comunidades humanas. El ser humano carecía de toda autonomía para guiar sus propios designios, sin capacidad para llevar a cabo ningún juicio de valor al margen del imperativo religioso. Tanto la esfera individual como la pública estaban dominadas por la religión.

Sin embargo, al grito de “pienso luego existo”, en el siglo XVII se levantó el Racionalismo, propugnado por autores como Descartes, mediante el que se afirmaba la autonomía del hombre para enjuiciar sus propias acciones al margen de los libros sagrados. Esta corriente fue acompañada del nacimiento de la Ciencia moderna de la mano de Galileo, Copérnico, y otros científicos que aseveraban la capacidad del ser humano para desarrollar un conocimiento autónomo al margen de los textos sacros, cuestionando las afirmaciones religiosas a través del empirismo. Muchas de estas personas acabaron en la hoguera al tratar de imponerse al imperativo dogma religioso.

En el plano público la corriente racionalista se desarrolló en el siglo XVIII mediante la Ilustración, en el conocido como Siglo de las Luces. Autores como Montesquieu, Locke o Rousseau afirmaron que la razón humana podía llevar a los individuos a formar comunidades políticas donde a través de un “pacto social” que estableciera mecanismos de participación de esos ciudadanos, se acordaran las propias normas con las que regular su convivencia. De esta forma, la comunidad ciudadana sería capaz de establecer sus juicios de valor en forma de leyes civiles que imperaran al margen de la religión, la cual quedaría en la esfera privada sin ningún tipo de fuerza impositiva.

Éstas han sido probablemente las mayores conquistas del ser humano: la afirmación de su racionalidad y capacidad de conocer su entorno científicamente, además de su autonomía política como ciudadanos capaces de decidir las normas que rijan su sociedad. Se situaba así al hombre en un nuevo plano de ciudadano libre, dejando atrás al súbdito sometido a preceptos religiosos. Sin embargo, en pleno siglo XXI hemos podido presenciar como Benedicto XVI ha sido capaz de tirar por tierra siglos de evolución humana.

Tal y como afirma el Papa, la especie humana no puede tener como cimientos a ellos mismos, no pudiendo decidir por sí sola lo que está bien o mal, es justo o injusto. Según su discurso, solo Dios puede establecer estos extremos, por lo que de un plumazo amputa la autonomía del ser humano tanto en su plano individual, negando su racionalidad, como en el plano colectivo, cuestionando nuestros sistemas políticos de decisión popular.

La pregunta sería ¿si los seres humanos no somos capaces de juzgar el bien y el mal, y nuestros sistemas políticos de organización democrática no pueden normar lo justo e injusto mediante la participación de todos los ciudadanos? ¿Entonces quien puede? La respuesta es Dios, a través de su sagrada palabra. Es decir, la vuelta a los textos sagrados como normas reguladoras e imperativas de la organización política. El régimen medieval teocrático.

Benedicto XVI siguió con su proceso discursivo de involución señalando su preocupación por la inaceptable “secularización de Europa”. De esta forma el Papa tiraba por tierra una de las grandes conquistas de las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX, la separación Iglesia-Estado, con la creación de Estados modernos ordenados a través de sistemas políticos donde los ciudadanos se autonormasen mediante el ejercicio de la soberanía popular, y donde la religión saliera del espacio público como forma de organización humana, para pasar al espacio de las creencias personales no imperativas.

Posteriormente, para terminar de rematar su vuelta al Medievo, durante la reunión que el Papa mantuvo con la comunidad científica de profesores universitarios, Benedicto XVI señaló que había que “hacer frente al abuso de la Ciencia sin límite, más allá de ella misma”. La idea señalaba la imposibilidad de que el hombre busque por sí mismo la verdad más allá de Dios, es decir, la negativa a cuestionar el dogma religioso y verlo como un hecho refutable, tratando de indagar en el porqué de nuestra existencia más allá de las afirmaciones religiosas. Estamos ante el mismo argumento que se esgrimió por parte de la Iglesia en los procesos inquisitorios que llevaron a la hoguera a muchos científicos siglos atrás.

Pero para rematar este proceso de involución, Benedicto XVI afirmó que todo este “relativismo moral” lleva “hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior”. Nada más lejos de la realidad. Precisamente fueron el Racionalismo y la Ilustración, quienes rompieron con las metateorías de organización social que partían de un ideal incuestionable, el religioso, siendo superado por las teorías liberales democráticas donde el ideal no existe “per se”, sino que es pactado dentro de esa estructura política de forma periódica por los propios ciudadanos. Además resulta que ese gran paso que dio la humanidad al superar las metateorías religiosas medievales, sólo fue cuestionado en nuestro pasado reciente a través de movimientos metateóricos totalitarios como el fascismo o el nazismo, muy vinculados precisamente al pensamiento religioso, como forma contemporánea de imposición de un ideal metateórico.

Los ciudadanos racionales y libres no podemos aceptar este discurso que pretende devolvernos al Medievo. Es nuestra responsabilidad lograr que la humanidad siga evolucionando y no retroceda hasta épocas oscuras que se creían olvidadas en nuestra historia. Por eso estamos en la obligación de luchar contra este tipo de discursos que pretenden someternos a la más absoluta esclavitud del irracionalismo dogmático, extirpando la base metafísica del ser humano: su razón.

18/08/2011

La manifestación del catolicismo. Un derecho limitable.

Filed under: Actualidad,Derecho — Salvaje Ilustrado @ 14:08
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Lo sucedido ayer en la Plaza del Sol con motivo de la manifestación por un Estado laico responde a un imperativo categórico que ha calado en nuestra sociedad, el de que el ejercicio de la manifestación católica no puede estar regulado y limitado, ya que tiene como base el fundamental derecho a la libertad religiosa. Esta afirmación ha devenido incuestionable, hasta el punto de que ha sido admitida por nuestros poderes públicos, propiciando situaciones como la vivida ayer.

Los sucesos de Sol fueron básicamente los siguientes, una manifestación autorizada por la Delegación del Gobierno, siguiendo el procedimiento legalmente establecido, y con un itinerario aprobado por las autoridades competentes, se vio bloqueada por un numeroso grupo de religiosos pertenecientes a la JMJ que impidió la normal circulación de la manifestación autorizada.

Durante tres horas se estableció un cordón policial en Sol que dividía a la autorizada manifestación por un Estado laico, de aquella ilegal manifestación que tenía como finalidad impedir el ejercicio legítimo del derecho a manifestarse previamente autorizado. Miles de jóvenes de la JMJ, portando entre otras divinidades banderas preconstitucionales, bloquearon deliberadamente la circulación de los manifestantes laicos, impidiendo de esta forma seguir con el itinerario aprobado. La policía en todo momento trató entre algodones a los jóvenes del JMJ y en ningún momento los disolvió, una actitud que choca con el proceder a que últimamente nos tiene acostumbrado el cuerpo pretoriano de la UIP policial.

¿Por qué no se disolvió a los manifestantes de la JMJ si estaban ejerciendo un ilegal derecho a la manifestación?

Simplemente porque no se consideran manifestantes como tal, debido a ese imperativo categórico que se ha asentado en la sociedad española: EL EJERCICIO DEL CATOLICISMO NO ES UNA MANIFESTACIÓN.

Con base en este argumento el ejercicio del catolicísimo en España queda fuera del ordenamiento jurídico regulador de las manifestaciones ideológicas. Un ejemplo clásico de ello es el bloqueo de ciudades enteras durante toda la Semana Santa, ejerciendo una manifestación religiosa sin autorización previa, algo que se enmarca en ese imperativo categórico existente por el que se entiende que el ejercicio del catolicismo no puede estar limitado mediante regulación legal.

Y es que cuando me refiero a ejercicio del catolicismo me refiero a LIBERTAD DE CULTO, que es algo muy diferente a la LIBERTAD RELIGIOSA. La libertad religiosa es un derecho ilimitado de cualquier ciudadano, pues es su derecho a profesar y creer en cualquier religión, tratándose de un ejercicio espiritual y privado. La libertad de culto es el ejercicio y manifestación hacia el exterior del hecho religioso, pasando a ser parte del dominio público con la consecuente regulación como manifestación ideológica. Evidentemente la libertad religiosa no puede ser limitada ni regulada por los poderes públicos, mientras que la libertad de culto PUEDE Y DEBE ser limitada por los poderes públicos mediante la normativa destinada al ordenamiento de las manifestaciones, por el simple hecho de que se trata de una manifestación de corte ideológico que se ejecuta públicamente afectando a los derechos del resto de ciudadanos.

El problema es que en España se sigue pensando que la libertad religiosa y la libertad de culto son un mismo derecho, por lo que todo ejercicio de la práctica católica se enmarca en un derecho a la libertad religiosa que impide que pueda ser limitada mediante regulación legal. Este imperativo categórico sitúa las manifestaciones católicas en una ventajosa situación al quedar fuera del imperio de la ley, estableciéndose cómodamente en un limbo de desregulación. De esta forma, sus manifestaciones pueden invadir la esfera social sin ningún límite legal, dejando al resto de ciudadanos sin la posibilidad de invocar los instrumentos legales que regulan estas prácticas.

Lo sucedido en Sol ayer no es más que la continuidad de ese imperativo categórico que ha calado en la sociedad española, con sus poderes públicos incluidos. Los jóvenes de la JMJ eran manifestantes y como tal debían haber sido tratados, ya que estaban llevando a cabo una manifestación ideológica al externalizar el ejercicio de su religión. De esta forma esta movilización de la JMJ no era más que una manifestación no autorizada, que tenía además como objetivo evitar el ejercicio del derecho de manifestación de otras personas, por lo que debía haber sido disuelta.

Creo que ya es hora de romper esa barrera psicológica impuesta por el imperativo categórico que disocia la libertad de culto con el ejercicio de una manifestación ideológica, entendiendo estos actos dentro de una genérica libertad religiosa. No podemos seguir aceptando que una manifestación que se enmarca dentro del culto siga amparándose en la libertad religiosa para evitar la aplicación de la regulación concerniente a las manifestaciones.

Y es que la lógica es aplastante, si unos son considerados manifestantes por negar el hecho religioso, ¿no son igualmente manifestantes los que lo afirman?

17/08/2011

¿Es la JMJ un encuentro mundial de compradores compulsivos?

Filed under: Actualidad — Salvaje Ilustrado @ 15:21
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En estos días no se para de escuchar desde los diferentes foros religiosos que avalan la visita del Santo Padre a nuestro país, que este acto lejos de costar dinero al erario público, va a suponer un beneficio económico espectacular para las arcas del Estado. Estos voceros de su Santidad aseguran que el Estado español va a hacer caja por valor de 25 millones de euros en concepto de IVA, debido a que los peregrinos inyectarán 100 millones de euros al conjunto de la economía española.

Lo primero y más llamativo que se puede observar en estas afirmaciones está relacionado con algo que muchos ya conocíamos, y es que los actos religiosos hace tiempo que dejaron de tener un fundamento espiritual. Somos muchos los que veíamos en los eventos de la Iglesia una suerte de feria variada en forma de peregrinaciones que incitaban más al cachondeo que al concilio espiritual. Sin embargo, ahora descubrimos que sus actos además de ser oportunidades lúdicas de primer nivel, son también grandes negocios tal y como reconocen ellos mismos. En fin, que estos sacros eventos pueden tener cualquier justificación menos la religiosa.

Por otro lado, las previsiones económicas son espectaculares, ya que se supone que los 500.000 fieles desplazados a España (según sus cuestionables afirmaciones) van a suponer una inyección de 100 millones de euros de consumo, algo que según ellos va a conllevar una tributación en concepto de IVA de 25 millones de euros en estos escasos seis días.

A mí la verdad no me salen las cuentas por más que aporreo la calculadora, ya que parece que estas personas van a pagar un IVA del 25% por su consumo, algo que está fuera de los tipos del 18%,  8% y 4% recogidos en la ley. Aunque a lo mejor los despiadados empresarios españoles se han puesto de acuerdo para clavarle a estas almas inocentes un IVA abusivo e ilegal, aprovechándose sin piedad de la caridad cristiana que los caracteriza. Y a todo este sinsentido tributario se une el hecho de que los extranjeros podrían exigir su devolución de IVA por el consumo en España, sin embargo estoy seguro que este detalle no se ha tenido en cuenta en estas previsiones ya que se confía en la caridad cristiana de estos jóvenes para con el fisco español, no solicitando el reembolso de este IVA soportado en agradecimiento por nuestra acogida.

Pero además, siendo permisivos con estas cuentas, en el caso de que aceptáramos la tributación de estas personas por valor de 25 millones de euros en concepto de IVA, la calculadora sigue sin ser capaz de cuadrar los números. Si tenemos en cuenta que el consumo de estas personas se va a producir en productos de tributación del 4% y el 8%, tales como alimentación, hostelería, transporte, periódicos, medicamentos, espectáculos o peluquerías, el consumo per cápita para una tributación de 25 millones de euros en concepto de IVA a una media de 6% (entre los dos tipos) supondría que cada uno se habría gastado 833 € en su estancia en España, lo que supone una media de 139 € al día durante los seis días de estancia.

No parece real, o por lo menos no sería recomendable, que un joven que durante seis días viene a España con el hospedaje, el transporte y las visitas turísticas prácticamente cubiertas, se gaste una cantidad de 138 € al día. La única opción que me queda es pensar que estas previsiones económicas cercanas a su Santidad, hayan utilizado un tipo de IVA del 18% para determinar que cada peregrino se va a gastar 277 € en toda la semana, algo más razonable si no fuera porque supondría que todos han venido a comprar frigoríficos, televisiones de plasma y teléfonos de última generación por el tipo de tributación aplicada.

¿Estas personas son religiosos o compradores compulsivos? ¿Esto es la Jornada Mundial de la Juventud o la fiesta de cumpleaños de Paris Hilton? ¿Es que estos jóvenes han estado esperando a llegar a España para pulirse la tarjeta de sus padres? ¿Es que en sus países no tienen grandes almacenes y han esperado toda su vida para entrar como locos a El Corte Inglés? Que alguien me explique esto porque yo no entiendo nada.

Empiezo a pensar que Merkel no estuvo lista al aceptar el rescate de Grecia, algo perfectamente evitable con haber desplazado al Papa a Atenas por una semanita, para que así todos los compradores compulsivos se desplazasen a asaltar con sus tarjetas los comercios griegos.

En mi opinión a partir de ahora los problemas a las crisis tienen una solución clara: una llamadita al Papa para que monte un sarao con estos consumistas empedernidos.

¿Qué es el Papa? Entre Jefe de Estado y líder religioso, un estatus abusivo.

Filed under: Actualidad,Derecho — Salvaje Ilustrado @ 12:43
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Sinceramente creo que ha llegado la hora de que, de una vez por todas, se aclare el estatus que se le otorga al Papa en sus visitas a España, para así acabar con la ventajosa indeterminación de que disfruta su figura, y de la que se vale para gozar de todo tipo de privilegios cada vez que decide pisar territorio español.

Sin embargo sospecho que esto no va a ocurrir, por lo que el Papa seguirá moviéndose cómodamente en esa interesada incertidumbre entre el estatus de Jefe de Estado y de líder religioso, para poder beneficiarse de los privilegios de ambas figuras en un ejercicio de hipocresía que le propicia comerse en España “la tostada con manteca por los dos lados”.

A mí particularmente cualquiera de las dos figuras me vale, tanto la de Jefe de Estado como la de líder religioso, siempre que desee venir  a España a montar su campaña de marketing en busca de consumidores de sus celestiales servicios. Lo que no me vale es que se beneficie de la confusión que produce la indeterminación sobre su estatus, para cubrirse con un manto de prerrogativas y privilegios que lo sitúan en una inmejorable posición.

Si el Papa viene a España como Jefe de Estado implicaría la lógica participación, promoción e implicación de los poderes púbicos, quedándole reconocidas una serie de prerrogativas con base en el derecho internacional. Estas prerrogativas están recogidas genéricamente en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomática de 1961, y más concretamente la Convención sobre Misiones Especiales de 1969, donde en su artículo 21 se advierte que el Jefe del Estado “gozará en el Estado receptor o en un tercer Estado de las facilidades y de los privilegios e inmunidades reconocidos por el derecho internacional a los Jefes de Estado en visita oficial”. El posterior artículo 22 señala en la misma línea que a dicho Jefe de Estado se le otorgarán “las facilidades necesarias para el desempeño de sus funciones, habida cuenta de la naturaleza y del cometido de la misión especial”. Esto implica la obligación para España de otorgar todo un elenco de privilegios, prerrogativas y actos protocolarios regulados por el derecho internacional al Jefe de Estado que nos visita.

Ahora bien, el régimen jurídico de las visitas de Jefes de Estado no sólo contiene privilegios. De igual forma el derecho internacional recoge el básico “principio de no intervención en los asuntos internos y de competencia nacional de otro Estado”, regulado nada más y nada menos que por el artículo 2.7 de la Carta de Naciones Unidas, norma fundamental del ordenamiento internacional. Consecuentemente quedan vetadas las críticas a las políticas soberanas del país que recibe la visita, ya que esto es considerado como un acto de injerencia en la soberanía de otro Estado, pudiendo conllevar desde responsabilidad internacional por parte del Estado de ese mandatario, hasta la declaración de “persona non grata” y la salida del territorio de esa persona.

Por otro lado, en el caso de que el Papa viniese a España en calidad de líder religioso, su visita saldría del ámbito de aplicación del derecho internacional y diplomático, pasando a ser un mero acto privado que en ningún momento conllevaría la participación de los poderes públicos o el seguimiento de los protocolos internacionales establecidos. De esta forma, este señor vendría con sus medios, accedería al país con arreglo a los procedimientos establecidos para cualquier otro ciudadano extranjero, y sin ningún tipo de limitaciones sería libre de transmitir en sus actos cualquier crítica a las políticas públicas de nuestro país.

Como dije anteriormente, cualquiera de los dos figuras me vale, sin embargo no acepto esa indeterminación de la que este individuo se vale para venir como Jefe de Estado en lo que a sus privilegios concierne, y dedicarse a criticar desmedidamente las políticas públicas que nuestro país se ha dado de forma democrática y soberana, amparándose en su estatus de líder religioso.

Es inadmisible que esta persona siga eternamente navegando entre estas dos aguas de incertidumbre, abusando de esta forma del derecho a visitar nuestro país bajo todos los honores diplomáticos y las mayores facilidades públicas, para después permitirse el lujo de arremeter brutalmente contra el gobierno que lo acoge sin asumir ninguna responsabilidad por su injerencia en la soberanía de nuestro país.

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